No te va a gustar – Un debate a cuatro


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Cosas nuevas para una campaña que se queda vieja. Pide el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, un debate «a cuatro» con Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y Mariano Rajoy. No sé si eso puede enmarcarse en una campaña electoral que elige presidentes autonómicos y alcaldes -aunque, en realidad, sea mucho más que eso–, pero la idea, como sugerencia política, es buena: no es una ocurrencia más de las que tanto abundan estos días. Ese debate televisivo podría aclarar muchas cosas, aunque ya digo que habría de plantearse como algo posterior a la jornada electoral del próximo día 24. Si realmente aciertan las encuestas que hablan de un panorama político dominado por cuatro formaciones nacionales, PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos, los españoles tenemos derecho, y los responsables de esas formaciones el deber, de saber cómo se confrontan y se complementan los distintos programas, aspiraciones y proyectos. Sobre todo, porque en algún momento habrá que llegar a acuerdos para regenerar la vida política española.
Digo que la iniciativa me parece buena en cuanto que es lógica y hasta necesaria. No se entienden bien las iniciales reticencias de Pablo Iglesias a la hora de debatir en un «cara a cara» con Rivera (ahora parece que aceptaría, pero con condiciones). Ni se entiende que, a estas alturas, haya candidatos que se nieguen a debatir con otros y/o que traten de imponer sus propias reglas. La democracia exige avanzar sobre estos romos moldes de campañas electorales que nos hemos dado, sobre esos debates «a cinco» o «a seis», tan encorsetados, tan sin mensajes, sobre esos mítines solo para entusiastas y para «salir en las teles». Incluso hace falta progresar con respecto al uso, tan manipulador, tan abusivamente publicitario, que los responsables de las campañas dan a las redes sociales.
Si resulta que, de acuerdo con los sondeos, cuatro son los «pesos pesados» en la política española, asumámoslo con realismo. Porque si ni siquiera se pusiesen de acuerdo para comparecer, los cuatro, ante las cámaras, ¿de qué pactos estamos hablando, qué reformas podrían consensuar quienes no quieren ni verse las caras? Ardo, en fin, en deseos de ver ese debate: todo un espectáculo televisivo -al fin–, todo un avance político, laus Deo.

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