Fermín Bocos – Patada al cojo


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

La arrogancia con la que Pablo Iglesias ha expresado su diagnóstico acerca de los errores que según su parecer habría cometido Izquierda Unida, es un mal síntoma. Delata un exceso de prepotencia. De «hybris», por decirlo con arreglo al término establecido por los clásicos para alertar acerca de la senda de perdición por la que transitan los hombres cegados por su soberbia o ambición de poder. Un análisis político debe estar por encima de las descalificaciones personales y son muchas las que emergen de las palabras y escritos del joven Iglesias. Un ciudadano que, por lo que se sabe, hasta hace no mucho orbitaba alrededor de Izquierda Unida. Hay quien dice que el gran error de Cayo Lara fue no habilitar una plaza en las listas al Parlamento Europeo a favor de un Pablo Iglesias que cuando aquellas elecciones todavía no había alcanzado su actual cumbre catódica. Un factor, la televisión entregada, que le ha permitido levantar de la nada el castillo de Podemos con un discurso político, muy semejante, por cierto, al del PCE e IU al que ahora tanto critica. Salvando las distancias, a Izquierda Unida le está pasando con Podemos lo que ya hemos visto entre UPyD y Ciudadanos. El partido de Rosa Díez fue durante años látigo y precursor en las denuncias de los abusos de los partidos de la «casta». Otro tanto viene haciendo IU con sus limitados recursos parlamentarios. La Historia nos enseña que los precursores no suelen alcanzar la Tierra Prometida. Es su destino. UPyD está en trance de respiración asistida y de IU no avizoran nada bueno las encuestas. Dar una patada a un cojo, no es la mejor forma de estimularle a caminar. Pablo Iglesias va sobrado. Demasiado sobrado, dada su trayectoria profesional. Debería matizar sus críticas a quienes llevan muchos años luchando por las libertades sin dejarse corromper por el sistema. Veremos si de Iglesias y sus compañeros de viaje puede decirse lo mismo así que pasen unos años. Si tomamos en cuenta el descarado nepotismo de algunos de los recientes nombramientos en algunos de los ayuntamientos donde gobiernan, se les acabará pronto la bula para dar lecciones de ética a los demás. En cualquier caso, como decía, darle una patada a un cojo no es precisamente un acto de gallardía.

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