Fernando Jáuregui – ¿Qué tiene Sánchez que yo no tenga?


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Tres destacados sociólogos, en un encuentro ampliamente difundido por los medios informativos, coincidían en las bastantes posibilidades que, a su juicio, tiene Pedro Sánchez para llegar a La Moncloa. El caso es que la dulce derrota del PSOE en las pasadas elecciones municipales ha dado como resultado a Sánchez presidiendo estos días la toma de posesión de presidentes autonómicos en lugares en los que, como Aragón, hacía tiempo en los que el PSOE no mandaba. Y, por el contrario, Rajoy, cuyo partido resultó vencedor en los comicios del 24M, anda a la baja en las encuestas, ha perdido un inmenso poder territorial y poca cosa mejor se le ocurre para revalidar su «photo opportunity» que convocar una cena de ilustres ex. Ilustres todos ellos, ya digo, pero todos ellos ex, en torno a una mesa en el mesón-de-siempre de la zona más castiza de Madrid. No demasiado moderno todo el montaje, es de temer.
Se aferra Rajoy a los buenos datos económicos, como los conocidos este jueves en relación al paro, para insistir en sus éxitos en la gobernación del país. Pero hasta Pedro Arriola le advierte ya de que no basta con la macroeconomía para recuperar posiciones en la simpatía del electorado. Y, sin duda, Rajoy se pregunta, en sus momentos de depresión -supongo que debe tenerlos, aunque nunca se traslucen–, qué diablos tiene este Sánchez que yo no tengo para que, perdiendo, parezca que gana y para que hasta expertos demoscópicos de cabecera le den como más probable próximo inquilino de La Moncloa. Incluso el «lehendakari» Urkullu dice que le gustaría pactar con los socialistas en la próxima Legislatura. Y el «aliado» Albert Rivera va y dice en TVE que «no ve» a Rajoy «encabezando una nueva etapa política». O sea, que el apoyo de Ciudadanos está garantizado, al menos mientras el candidato del PP sea «este» Rajoy. ¡Pero si hasta Esperanza Aguirre se permite ya el lujo de criticar las apariciones «por plasma» de su teórico jefe!

Así que, a mi modo de ver, la figura de Mariano Rajoy anda algo alicaída. Puede que sea una cuestión de modas, y que la solidez de las recetas sempiternas acabe haciendo que la veleta opinión pública española vuelva a señalar al pontevedrés como favorito para revalidar el cargo. Pero, hoy por hoy, la verdad es que, sin pretenderlo, Rajoy anda como ausente por todo lo que calla y por toda la mudanza a la que se resiste.
Y entonces, la ofensiva errónea desde La Moncloa: equiparar a los socialistas con Podemos, que ya se sabe, dicen, que son los aliados de Tsipras en Grecia y ya ven ustedes cómo andan las cosas por el país heleno. Con lo que se consigue es que cada acción de Pedro Sánchez para desmarcarse del cada día más caótico Podemos sea valorada positivamente por público y crítica. Fácil se lo están poniendo al líder del PSOE si toda la estrategia monclovita consiste en decir que el gran enfrentamiento por la presidencia del Gobierno estará centrado entre Rajoy e Iglesias. ¿Alguien, de verdad, ve a Pablo Iglesias, lleno de virtudes como está por otra parte (y de defectos, que es humano), como primer ministro del Reino de España, presidiendo paradas militares y asistiendo a los Consejos europeos?

Los periodistas, por mucho que nos guste, no estamos para dar consejos a los poderes. Ni siquiera en temas futbolísticos. Pero sí estamos para hacer la crítica de aquello que nos parece errado y hasta herrado. Y a mí me da la impresión de que el presidente, a quien respeto y en algunos aspectos hasta admiro, tiene algo atrofiado el sentido de la modernidad. Será el síndrome de La Moncloa, donde está rodeado de pelotas y aislado de la gente corriente y moliente. Creo que sigue sin entender que estamos en una nueva era, y que todos perciben su horror por los cambios, y no digamos ya por el Cambio. Por eso le zarandean, en lo personal más que en lo partidario, las encuestas. Porque cree que tuiteando lo de la famosa cena de los ex va a recuperar simpatías en la calle. Y no: la calle hay que pisarla, no epatarla con saraos de altura en mesones del siglo pasado. Eso sí, Sánchez no estaba en la foto de la cena de los ex, se satisface Rajoy. Y eso que salía ganando el socialista que, con razón o sin ella, quiere representar el futuro; ¿es que no lo comprenden los famosos asesores monclovitas?

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