Antonio Casado – No hubo lunes negro.


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Después del absurdo paréntesis de un absurdo referéndum, con un absurdo «no» a algo que no existía, ni los mercados se pusieron nerviosos. Ni la bolsa ni las primas de riesgo, dentro y fuera de España, registraron fuertes variaciones respecto a la situación previa a la consulta griega del domingo pasado.
Eso quiere decir que los mercados nunca se tomaron en serio las advertencias de los halcones de Bruselas sobre el descarrilamiento europeo de Grecia si triunfaba el «no». Sabían que la Unión Europea no puede prescindir de este socio así como así. Europa no tenía ni tiene la menor intención de expulsar del club al país heleno.
Lo sabían los mercados y lo sabía perfectamente el Gobierno heleno. Por eso Tsipras se permitió la patada al tablero y apelar a la soberanía nacional como refuerzo de su posición. Hemos de reconocer que acertó al escapar de los números y llevar la crisis al terreno de la política, donde tenía todas las de ganar.
A ver qué pasa ahora cuando los números vuelvan a entrar en la negociación. Será cosa de ver cómo reacciona el Banco Central Europeo cuando el próximo 20 de julio reclame los 3.500 millones de euros que Grecia debe y no tiene. De nuevo otra vía hacia el absurdo de un país abocado a endeudarse, más todavía, para poder pagar las deudas contraídas.
Por las razones antedichas (Europa hará lo posible y lo imposible para retener a Grecia), la generosidad del BCE volverá a hacer milagros, incluso antes de reabrir la negociación para un tercer rescate. Ahora con la coartada de que el desahucio político de Varufakis allanará ese camino. Insisto: coartada. Tanto para Bruselas (es una cuestión de dignidad apartar a quien nos llama «terroristas financieros») como para Tsipras (vean que mi buena voluntad de diálogo me lleva incluso a prescindir de mi ministro favorito).
Lo cierto es que, con Varoufakis o sin él, se hubieran reanudado las negociaciones para calmar el ansia de estabilidad que reina tanto en Bruselas como en Washington. Ambos han llegado a la conclusión de que es preferible una Grecia subvencionada a fondo perdido que una Grecia en la órbita de Rusia.
A esa voluntad de normalización se apunta España. Los partidos centrales apuestan por el retorno al diálogo. Moncloa y PP apoyan la negociación, «como no podía ser de otro modo», dice el ministro De Guindos aunque piden al Gobierno griego que se atenga a las reglas (ayudas condicionadas). En el PSOE también se apoya la vuelta a la mesa negociadora, aunque se pide a Tsipras un ejercicio de responsabilidad.
Como se ve, prácticamente calcadas las dos reacciones, no muy diferentes de la de Ciudadanos. En la España de las cuatro esquinas solo Podemos marca la diferencia, al celebrar el resultado del referéndum como un prueba de respaldo a sus tesis sobre la prepotencia de la «oligarquía financiera».

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