Fermín Bocos – El mensaje de los griegos.


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Como ocurrió en el pasado en ocasión de situaciones límite, el mensaje de los griegos -en ésta ocasión votando «no» a las exigencias de la Troika y el FMI; antaño negándose a rendirse ante los persas- nos está diciendo algo al resto de los europeos. El «no» del domingo se asemeja más a las Termópilas que a Salamina porque Grecia sigue debiendo lo que no está escrito y como entonces, tampoco lo del domingo fue una victoria. Pero tampoco una derrota. Perecer, poniendo a salvo la dignidad no es poco. Las condiciones de los acreedores de la deuda se revelan un dogal que la mayoría de los griegos han rechazado aún a riesgo de adentrarse en «terra incógnita».
Hubo celebración en la plaza Sintagma, en el corazón de Atenas, pero no se desbordó la alegría porque los griegos son conscientes de que de la noche a la mañana la victoria del «no», no les va a resolver su apurada situación económica. Tampoco el triunfo del «sí» habría producido semejante milagro. Los más optimistas (entre ellos el Gobierno que preside Tsipras) confían en que el BCE (Mario Draghi) facilite liquidez a los bancos helenos para que los efectos del corralito no se prolonguen en el tiempo. Tsipras sabe que en el mejor de los escenarios -que Merkel no se oponga a reestructurar la deuda- para que Alemania pudiera apoyar un tercer rescate se necesita la luz verde del Bundestag y eso lleva su tiempo. Dilaciones parecidas pueden fecharse en otras instancias europeas. En este escenario, Mario Draghi es el hombre clave para evitar que la falta de dinero en los bancos griegos provoque el caos. Pero nada está escrito y todo puede pasar: incluso la salida del euro y la vuelta al dracma, la histórica moneda cuyo nombre contiene la memoria de las primeras piezas acuñadas en el mundo mediterráneo.
En términos políticos internos, el resultado del referéndum refuerza a Alexis Tsipras, pero está por ver que se vaya a cumplir su previsión de que si triunfaba el «no», Europa, en 24 horas, se avendría a negociar un tercer rescate. A ese objetivo ha sacrificado al polémico ministro Varoufakis. En esta partida, son tantas las cartas económicas como las políticas. Las fuerzas conservadoras, que son mayoría en el seno de la UE, son reacias a entregar un triunfo a Xiriza, sabido que sería tanto como admitir (discurso de la izquierda) que la vía de la austeridad no es la única receta posible para salir de la crisis. Lo que está en juego es mucho más que el porvenir de Grecia.

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