Al margen – La marca Podemos (y otras marcas)


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

De Pablo Iglesias se pueden decir muchas cosas, pero no que sea un idealista. No lleva su aliento, su presencia, a aquellos lugares donde las listas vecinales, de «unidad popular», independientes o de izquierda, obtuvieron malos resultados en las últimas elecciones, a fin de ofrecerse y levantarles el ánimo, sino a aquellos otros donde ni su aliento, ni su presencia, ni su partido se necesitan, pues ellas solas se alzaron con la victoria. Al caladero de Galicia, de la Galicia de las «mareas», fue a pescar el líder carismático con la intención de capitalizar sus éxitos en la modalidad de convertirlas en franquicia de la «marca» Podemos. Le han dicho, como es natural, que nones.
Iglesias llama al nombre de su partido «marca», como Rajoy a España, «la marca España». No sólo los pijos y algunas señoras, al parecer, adoran las marcas. Pero siendo ello revelador de la idea comercial, mercantil, que el eurodiputado tiene de la política, hay otro aspecto de su comportamiento público que revela algo, si cabe, más desolador: el centralismo extremo de su proyecto. Pues una cosa es predicar y otra dar trigo, sus adhesiones verbales al federalismo, incluso al derecho de autodeterminación de los pueblos, se quedan en eso, en verbales, cuando se contrastan con sus prácticas, que pasman e indignan lo indecible a los cuadros, a los militantes y a los simpatizantes de Podemos que no son de Madrid y que, de prosperar las «primarias» que anda urdiendo para las generales, no sólo no serían de Madrid, sino de la más remota e ignota periferia.
Pero el centralismo de Iglesias no es sólo político, que sería una opción respetable aunque de difícil encaje en una formación plurinacional y asamblearia, sino, sobre todo, psicológico. En Madrid se cree que el resto de España, o sea, España, no existe. Si no fuera porque los que la habitan salen de vez en cuando, esa creencia se tornaría en certidumbre, pero, aun así, desde la Corte se contempla el territorio de la nación y a quienes la pueblan como una cosa antigua de provincias. Al final, como siga así, Pablo Iglesias se quedará a solas con su «marca», Podemos-Madrid, valga el pleonasmo.

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