Francisco Muro de Iscar – El empleo y los PGE.


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

El Gobierno ha presentado los Presupuestos del Estado para 2016 -que no sabe si gestionará o si serán rectificados por otros tras las elecciones- y la partida que más crece es la destinada a políticas activas de empleo, un 9 por ciento, señal de que le preocupa este problema, probablemente, incluso si pensamos en Cataluña, el más importante, porque seguimos con más de cuatro millones de parados y de seguir al buen ritmo actual -2015 supera las mejores expectativas- tardaríamos diez años en recuperar los índices de antes de la crisis: en 2.025 tendríamos «sólo» dos millones de parados.
El pronóstico del empleo en España es malo y no sólo por eso. Como dice Guillermo de la Dehesa, el Servicio Estatal Público de Empleo -764 centros en toda España y 9.300 funcionarios- no está capacitado para gestionar el empleo, sino simplemente para registrar a los desempleados. Ni los trabajadores ni los empresarios confían en el SEPE ni todavía las Empresas de Trabajo Temporal son una alternativa. Así que, más dinero no garantiza mejores resultados.
Aunque la ministra dice que el 75 por ciento de los empleos son indefinidos -un uno por ciento más que en 2011- hemos establecido un empleo de dos velocidades. Para algunos los empleos siguen siendo fijos y los sueldos razonablemente dignos, pero para la inmensa mayoría -especialmente de los jóvenes- la temporalidad del empleo y la precariedad de los salarios es cada vez mayor. Pese a la excelente preparación de algunos, los sueldos que se les ofrecen son ínfimos y los empleos a tiempo parcial o de baja cualificación. Por otra parte hay dos millones de desempleados sin formación adecuada para ningún trabajo. Ese agujero negro no se salva ni con reactivación económica, sólo recuperando a esos trabajadores con formación constante y orientando de forma efectiva a los parados.
Pero el problema de fondo es más serio y nadie quiere abordarlo. Felipe González decía hace poco que hay que «pararse a pensar qué España se quiere para 2025» y cómo va a ser ese mundo. Hay que identificar e impulsar los sectores clave de actividad, los verdaderos motores económicos del país, impulsar las inversiones en TIC, plantearse el problema energético y marcar unos objetivos a medio plazo. La clave está también en la educación, en una educación de calidad, pero orientada al cambio tecnologico. José Luis Nueno, brillante profesor del IESE, dice que la tecnología genera desigualdad porque a muchos empleados ahora les sustituyen robots. Y Paul Saffo, profesor de Stanford, citado por Antonio Garrigues Walker, uno de los pocos españoles que está de verdad en la alta política, explica que las máquinas podrán hacer cualquier cosa mejor que nosotros. Y que «el problema no es por lo tanto si habrá o no inteligencia artificial, sino cuál será el lugar que ocuparán los seres humanos en un mundo cada vez más influenciado y dirigido por máquinas». Aunque parezca lejano, ese es el horizonte 2025 del que habla Felipe González. Y a eso no se da respuesta con más dinero para políticas activas de empleo. Hace falta otro debate y más inteligencia.

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