Andrés Aberasturi – Sucesión de errores.


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

Todo se ha hecho mal y pretender convertir los errores en aciertos no lleva más que ahondar la equivocación y ofrecer una imagen lamentable a la opinión pública. Porque el ministro del Interior hizo mal -diga él lo que diga y haga las larguísimas distinciones que haga ente lo público, lo particular y lo privado- al recibir al ex ministro Rato en su despacho oficial del Ministerio y peor aún si fue para hablar sólo sobre la seguridad y las amenazas que viene recibiendo no sólo vía Twitter, según se desprendió de lo dicho por Fernández Díaz.
No lo hizo bien y fue un error por parte de Rato y por parte del ministro porque los dos tienen el suficiente equipaje político para saber que semejante encuentro iba a tener repercusiones mediáticas y políticas difíciles de entender para la opinión pública harta de corrupciones, de preferentes y que naturalmente sabe perfectamente que un ministro del Interior no recibe «a cualquier persona» que se lo solicita.
Y es verdad que Fernandez Díaz, como alguien señaló desde la oposición, se envolvió para defenderse o explicarse en la independencia de la Policía Nacional y la Guardia Civil cuando lo que se discutía en la comisión del Congreso no era ese asunto sino un hecho concreto del que sólo era responsable el señor Ministro. Es absurdo que durante una hora Rato y Fernández Díaz hablaran sólo de la seguridad del primero y, aun pudiendo ser este el motivo de la visita, es obvio que tratarían de la situación general del señor Rato que está pasando por un momento harto complicado. Pero que hablaran de esto -en sesenta minutos da tiempo para mucho- no significa de ninguna manera que allí se pactara o se intentara pactar nada o recibiera Rato confidencias de lo que saben o dejan de saber sobre él quienes se encargan de su investigación.
Por eso, porque nunca sabremos de qué se habló ni las consecuencias que tuvo, la reunión nunca debió producirse. Fue un grave error como lo fueron las insinuaciones del titular de Interior sobre otras reuniones mantenidas con otras personalidades de otros partidos imputados y hasta condenados sin dar nombres pero sembrando la duda. Esa forma de hacer política que tanto le gusta a Montoro, no es de recibo; el «si yo hablara» vale para un programa de corazón pero no para alguien que se ocupa de la gobernación: o no se dice nada o se dan nombres y apellidos. Amenazas, ni siquiera las justas.
Pero si error fue la reunión en Interior, no lo fue menos la precipitada reacción del PSOE pidiendo a la fiscalía general -antes de escuchar las explicaciones del ministro- la comisión indiciaria de los delitos de prevaricación, omisión del deber de perseguir delitos y revelación de secretos. No parece que el PSOE buscara otra cosa que la foto de su portavoz con la petición en la mano porque, jurídicamente, resulta la cosa bastante insostenible en un estado de derecho. Esa precipitación -insisto: anterior a las explicaciones del ministro- hacen dudar, como bien se encargó de repetir el compareciente, de que la oposición del PSOE estuviera interesada en llegar a la verdad porque el guión ya estaba escrito y nada se iba cambiar.
Yo no sé si el monte ha parido un ratón o no, pero desde luego en todo este asunto los errores se han ido sucediendo seguramente porque siempre estamos en campaña electoral.

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