Ni Partido Popular ni PSOE ni Podemos ni Ciudadanos. ¿Hay alguien más?


El castillo de naipes, construido sobre la ruina de una economía basada en el pelotazo y la corrupción, da los últimos estertores antes del colapso final que nos sumirá en un caos anunciado por los analistas y agoreros del inmenso tablero de ajedrez por el que avanzamos los humanos. Las torres se derrumban, los caballos ni relinchan ni saltan obstáculos, la reina es acosada y el rey está en jaque mate. Contrariamente a lo que ocurre en el juego real, quedan muchos peones, eso sí, muy depauperados por la tortura política, que carga en ellos sus enriquecimientos ilegales e injusticias varias. ¿Conseguirá rehacerse esta masa social, auténtico sostén de la nación? La respuesta es sí, porque las etapas se suceden y la ley de ciclos marca el devenir. Pero no cabe duda de que psíquica y moralmente la sociedad está agotada y tiene que recuperarse.

La política se ha convertido en un espectáculo inmundo. Los políticos están siendo ejemplo de lo que no hay que ser. Ser político hoy es como ser chica de calendario o de Interviú. Todo el mundo sabe del mundo tenebroso que hay detrás. Ya no nos vale aquello de “hay políticos con vocación de servicio, que no son corruptos, que buscan el bien de sus conciudadanos”. Decía el fiscal Anguita que si hubiera tantos políticos honrados, denunciarían a los que no lo son. ¡Y tenía razón! Corruptos y buscones hasta que no se demuestre lo contrario. Incluso Casado, el portavoz del PP, que representa la renovación, cobra los 1.800 euros de pernoctación, aunque tiene casa en Madrid. Rajoy también, a pesar de vivir en la Moncloa, y muchos otros diputados. La renovación del PP consiste en ir sin corbata imitando a los de Ciudadanos.

De los podemitas y demás tropa laicista de la izquierda, adalides por genética y herencia ideológica de la corrupción de Estado en plan fetén, es para hablar y no parar. Ellos encarnan la maldad por naturaleza, los cuerpos sin alma, que decía Ouspensky. Son lobos disfrazados de cordero, destiladores de odio y corruptores de la sociedad. Las Carmena, las Colau, las del pis, los Zapata y el resto de analfabetos asesores y aspirantes a formar parte de la casta casposa y maloliente, están haciendo huir a los inversores. Por eso no le perdono al Partido Popular, que ganó las elecciones para salvar a España de la ruina y recuperar el prestigio exterior, que nos haya metido a la izquierda en casa, a una izquierda radicalizada y satánica que ha hecho bueno a Felipe González. Una izquierda que viene con la intención de hacer un revisionismo mentiroso de la historia, a desenterrar muertos, a cambiar nombres de calles, a prohibir el himno nacional, a romper los acuerdos con la Santa Sede, a profanar sagrarios, y si se tercia, ¡a fusilar! Teniendo como ideólogos a Stalin, a Fidel, al Che, y a toda la tropa dirigente sudamericana, es para esperar lo peor.

¡Cómo no van a huir los inversores! Para su tranquilidad, el PP les ha prometido ganar y, según, los datos del CIS, parece que le está funcionando el viejo refrán: “Mejor malo conocido…”. Algunas fuentes sostienen que es una estrategia de Arriola, pero no lo considero tan lumbrera, salvo para hacer dinero, que en eso sí parece que es un lince y es multimillonario; dinero fácil, se entiende, no por montar la mejor fábrica de sardinas o de sillas ergonómicas y crear cientos de puestos de trabajo. Hablamos de otro tipo de dinero. El “prepárame pasta que me voy de vacaciones” es para llorar, pero así funciona el sistema. El dinero de Bárcenas, Sanchís, y todos los tesoreros que en mundo han sido, tanto del PP, del PSOE o de Podemos, han dado para mucho, y lo siguen dando aunque más discretamente.

Que Podemos y los socialistas gobiernen España no es buen augurio; y que el PP siga en el machito después de una legislatura tan mala, tampoco. Porque hay que reconocer que lo ha hecho rematadamente mal, muy mal. En las tertulias políticas, que dicho sea de paso se parecen más a Sálvame que a algo serio, y en las columnas de opinión de los afines, no se cansan de repetir que gracias a los recortes y a los ajustes, España no ha sido rescatada, cosa que no es cierta, sino una cuestión de interpretación. ¿Hubo que rescatar a los bancos, sí o no? Pues eso. ¿Y a costa de quién? ¿Cuánto se recortó por la cúpula? En enero del 2012, le dedicaba yo estas palabras al gobierno: “… solo recortan el 20% a los partidos políticos y el mismo porcentaje a sindicatos y patronal. Por otro lado, no hay recortes en las partidas del Congreso y el Senado. No se habla de medidas que atañen a la clase política. Por ejemplo, suprimir organismos, como los Consejos Consultivos, los Consejos Económicos y Sociales o los Defensores del Pueblo, que tragan cantidades ingentes de dinero y que no hacen sino duplicar los órganos del Estado que ya existen. Tampoco se habla de los privilegios de la clase política –una de las mayores preocupaciones de los ciudadanos—, las jubilaciones de los expresidentes, incluso de los que saquearon las arcas del Estado dejándolo en la ruina”.

Han pasado tres años desde que escribí estas palabras. Mariano Rajoy eligió el mal camino desde el principìo, el camino fácil. A esto se sumaron los Bárcenas y Marjalizas; los Pokemon y las Púnicas, los finiquitos de simulación en diferido y demás ocurrencias cospedalianas, las medidas injustas, los áticos y las amantes… los chulos de barrio, ¡si es que no se privan de nada!… En fin, que aquí estamos desesperanzados a ver qué pasa. Lo que se va es malo, y lo que viene, mucho peor. ¿Tenemos lo que nos merecemos? Pues, visto lo visto, creo que sí.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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