Cospedal y sus casas: signos de la decadencia de los tiempos.


A primera hora me encuentro con una gran foto de Cospedal y el anuncio de que aumenta su patrimonio con la adquisición de una casa en el barrio de Salamanca. Si no hiciera tanta ostentación y fuera más discreta, a lo mejor se nos iba olvidando tanto oprobio cosechado en los últimos tiempos. Más le hubiera valido seguir humildemente en la Asamblea de Madrid y no intentar volar hacia el sol teniendo unas simples alas de cera –como el ambicioso Ícaro—, que se han ido derritiendo. Lo peor es que la cera caliente ha producido horribles quemaduras de tercer grado en los ciudadanos, que le piden a gritos que se vaya a disfrutar de sus cigarrales y de todo el cemento acumulado por el matrimonio Cospedal-Del Hierro, conocido en algunos ambientes por el apodo “los pisitos”. Menos conocida por el gran público es la componenda que la Secretaria del Partido Popular tuvo que hacer para sacar a sus empresas de la Gurtel. ¡Si es que está todo muy claro! Cospedal no es ningún enigma. A ella no podemos aplicarle la frase del viejo y simpático cuplé “de dónde saca, pa tanto como destaca”. La respuesta es obvia: de la política o, dicho con más precisión, de sus efectos colaterales. ¡Qué pena de país! ¡Qué pena de planeta! Parece que sufrimos la maldición de la bruja malvada, que nos impele a elegir como gobernantes a auténticos corruptos, que nos despluman mientras ellos roban todo lo que quieren y elaboran leyes para protegerse y nombran a jueces para que los juzguen. El edificio del sistema está tan corrupto que no merece la pena seguir apuntalándolo. Son ya demasiados remiendos, demasiada inestabilidad que amenaza ruina estrepitosa de un momento a otro. Yo me permito el lujo de “bilocarme” y verlo desde fuera, aunque no me queda más remedio que volver. Pero cada vez paso más tiempo contemplándolo desde mi “república independiente”, huyendo de la multitud de hormigas locas, que siguiendo un instinto ciego se afanan en surtir de alimento el hormiguero. Cospedal me ha inspirado esta reflexión. Ella y los otros representan la podredumbre de la política, que debiera ser una de las tareas más nobles del ser humano. Es un signo de la decadencia de los tiempos. Hay otros, pero no es este ni el foro ni el momento de analizarlos.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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