Pedro Calvo Hernando – ¿Y si regresamos al entendimiento?


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Es muy difícil pensar en otra cosa que no sea el problema catalán, sobre todo a partir de este momento en que se ha producido la coincidencia en minutos del inicio del proceso secesionista y del registro por la policía de las viviendas del ex President Pujol y varios de sus hijos, coincidiendo todo ello también con la publicación oficial de la convocatoria de elecciones generales para el 20 de diciembre.
Todo lo demás, como las disquisiciones sobre las posibilidades de cada uno de los cuatro grandes aspirantes a La Moncloa, pasa a segundo término, a no ser que nos volvamos tontos o locos.
Dirán algunos que hay casualidades sospechosas en el devenir de los acontecimientos, pero eso ya es algo irrelevante, dada la magnitud de los acontecimientos y la enorme gravedad de la situación catalana.
Lo que nadie podrá discutir es la inmensa sinrazón del sueño independentista en medio del océano de corrupción en que se ha convertido el mundo político catalán en sus sectores más inmersos en el poder de los últimos 35 años.
Además, vamos a ver. ¿Lo razonable no sería esperar dos meses por si se diera el hecho muy probable de un cambio sustancial en el poder del Estado, con un Gobierno nuevo decidido y capaz de remediar los enormes errores cometidos con Cataluña y en gran medida causantes del presente desencuentro?

¿Y qué quieren decir Junts pel Sí y la CUP con esto de que «el proceso no se supeditará a las decisiones del Estado español, en particular del Tribunal Constitucional», al que consideran deslegitimado? ¿Cómo hay que entender eso de que el futuro Gobierno catalán debe cumplir «exclusivamente» las normas o mandatos que emanen del Parlamento catalán? No es mi estilo ponerme solemne, pegajoso o grandilocuente, pero todo eso se parece mucho a una llamada a la subversión (horrible palabra, pero que me digan otra).
En todo caso, es una provocación al Estado democrático, al que tal vez quieren poner en la tesitura de aplicar, entre otros, los artículos 155 y 8º de la Constitución Española, de obligada aplicación, por supuesto, mientras que no se modifique o se cambie por otra, bien que por las vías constitucionales.
Que alguien me diga, yo no lo sé, qué es más grave, si esa actitud de los secesionistas o los disparates de los últimos años perpetrados por el poder del PP, gobernando o no.
Yo creo haber dejado claro siempre que repudio y descalifico ambas cosas. ¿Nos entendemos? Dejémonos de insensateces y de brutalidades y regresemos al diálogo, al entendimiento, al cumplimiento de las leyes y luego a su modificación, si la mayoría de la población española lo considera necesario u oportuno, que me parece que sí. Ya sé que esto último es muy fácil decirlo.

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