Francisco Muro de Iscar – Nadie sabía nada.


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

Jordi Pujol gobernó Cataluña durante dos décadas y media con poder absoluto y fue el sostén, el compañero de viaje, el aliado o el accionista con voto decisivo de varios Gobiernos de España. En Cataluña hizo lo que quiso y de España logró lo que pidió. Los presidentes Aznar y González deberían decir si realmente hubo un pacto, expreso o tácito, para ignorar los desmanes del presidente de la Generalitat a cambio de que frenara los movimientos independentistas en Cataluña, guardara en el cajón sus deseos independencia y la Justicia se olvidara de él por el caso Banca Catalana.
Porque si no fue así, sería mucho peor. Treinta y cinco años después de su llegada al poder absoluto en Cataluña y cuarenta de su irrupción en la política oficial, cada día tenemos nuevas revelaciones sobre Pujol y su familia, sobre su boyante economía y sobre el conocimiento perfecto y exhaustivo de los paraísos fiscales por parte del hombre que quiso que Cataluña fuera el paraíso, el oasis, cuando, en realidad, era un estercolero de corrupción. Durante más de treinta años, ningún político catalán, con la excepción de Maragall, sabía que Pujol se lo estaba llevando crudo, cobrando comisiones a diestro y siniestro.
Durante tres décadas ningún presidente del Gobierno español fue consciente de que en Cataluña las mordidas eran ley y que el representante del Estado en esa comunidad era quien controlaba el negocio y se llevaba todos los dividendos.
Durante todo ese tiempo el Centro Nacional de Inteligencia –antes CESID– no supo nada de una de las mayores estafas de la política contemporánea, ni la investigó ni informó a sus superiores directos.
Durante todo ese tiempo, los tesoreros de Convergencia y los altos de cargos de su principal aliado, Unió Democrática, así como los responsables de la contratación de obra pública en Cataluña ignoraron absolutamente que alguien estuviera exigiendo comisiones y cobrándolas, a cambio de contratos posteriores, muchas veces de forma inmediata.
Durante casi cuarenta años, los empresarios catalanes, incluso los que pagaban, no sabían que las «donaciones» a CDC, vía Fundaciones o de manera directa a los Pujol, eran el método seguro de conseguir contratos.
Durante todo ese tiempo, el Ministerio de Hacienda y la Administración Tributaria no abrieron ninguna investigación sobre el cobro ilegal de comisiones, la evasión de capitales, las falsas herencias o el fraude fiscal, asuntos que ahora conocemos gracias a los medios de comunicación, porque no sabían nada.
Podríamos seguir «ad infinitum». Ahora el sucesor de Pujol, que previsiblemente acabará respondiendo de sus decisiones ante los tribunales, ha fracturado Cataluña en dos, sigue huyendo hacia el precipicio, y confiesa que no tienen dinero para pagar lo que deben. De aquellos polvos, estos lodos. De aquel saqueo, esta quiebra.

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