Charo Zarzalejos – La insoportable levedad europea


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Francia, democracia incuestionable e incuestionada, tierra de libertades, de poetas, pintores y filósofos se ha visto zarandeada hasta la sangre por los bárbaros de DAESH. A Hollande, al socialista Hollande, no le ha temblado el pulso y ha realizado un diagnóstico certero: ellos, los malos, o nosotros y como tratamiento no ha tenido el menor complejo en afirmar que Francia está en guerra.
El término «guerra» nos pone a todos los pelos de punta, pero que es sino una guerra la que han desatado los fanáticos que osan matar en nombre de Dios. No se trata sólo, que sería mucho, de actos terroristas bien organizados. Es mucho más que eso. Lo de DAESH es todo un proyecto cuyo embrión, según los expertos, hay que situarlo no en la desgraciada guerra de Irak, sino en torno a los años ochenta. Han pasado muchos años y ahí están y una vez más hay que preguntarse como es posible que hayamos llegado a esto. Cuando se trata de un proyecto hay que pensar a largo plazo pero el primer paso es trasladar a la opinión publica que el DAESH y otros grupos bárbaros son batibles. Soy de las que creo que si Francia pide ayuda en la intervención en Siria hay que dársela pero doy por hecho que se le dará siempre y cuando no se trate de poner un pie en tierra.
Las causas no son como dicen algunos sectores de la izquierda la falta de integración, la dificultad para encontrar una identidad o la falta de trabajo; es decir, que al final, el detonante no es la existencia de un proyecto abyecto como es el de DAESH, el detonante es que no les comprendemos, que Europa, en general, les ha dejado tirados, les maltrata, les ignora… Los abandonados de verdad, los pobres de verdad, los marginados de verdad no matan. Lo más que hacen es llevarse alimentos de un supermercado o robar carteras en el metro.
Los bárbaros de DAESH -hay otros muchos como los de Boko Haram- tienen proyecto y estrategia. Ambos son deleznables, crueles, insoportables… pero si nosotros los europeos tenemos alguna responsabilidad, alguna culpa es que, en el fondo, carecemos de proyecto y si, tenemos valores y creencias que son las que nos permiten disfrutar de libertad, valorar nuestra propia vida y la de los demás, tener bien interiorizado que cada cual puede rezar al Dios que quiera y además permitir que así sea. Pero hasta aquí llegamos porque si alguien insinúa que hay que vigilar las redes para evitar el proselitismo, que hay que someterse a chequeos en los aeropuertos o que la policía tenga más tiempo para mantener detenidos a presuntos terroristas, de inmediato surgen voces poniendo el grito en el cielo porque todo ello supone un ataque a la libertad. Nosotros, los europeos no estamos dispuestos a casi nada para defender todo aquello que hace de nosotros hombres y mujeres libres. Pero la amenaza es seria, muy seria y además se va a prolongar en el tiempo y , o estamos dispuestos a asumir algunos «sacrificios» o nos ganan.
Al final habrá que entrar en Siria y vigilar y mucho a Turquia y a no tardar decir a los países del Golfo que tanto petróleo tienen que se ha acabado encarcelar y dar mil latigazos a un blogero. Que se han acabado las lapidaciones y las ejecuciones publicas, que se ha acabado tanto horror, que si nosotros reconocemos y amparamos la libertad de culto ellos deben permitir iglesias católicas, ortodoxas, anglicanas y sinagogas. Que se han acabado los abrazos a jeques que permiten todo esto y hacen la vista gorda a la hora de financiar a DAESH. No se preocupen, nada de esto se hará y con su petróleo mantendremos el confort en el que ahora estamos instalados.
Me confieso pesimista. Europa está muerta de miedo. Tanto miedo que encima hay quienes aconsejan tener cuidado para no provocar a los asesinos. Europa se diluye en sí misma. Su levedad a muchos nos resulta insoportable. Tan insoportable como ver esos cientos de miles de personas hacinados en campamentos, o a esos niños sirios, palestinos machacados por el horror o a esas pobres niñas convertidas en bombas por los asesinos de Boko Haram. Solo el socialista Hollande, con la Marsellesa como música de fondo, ha dicho la verdad: ellos o nosotros.

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