Carlos Carnicero – Estado electoral excepcional


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

La economía, la gran apuesta de Mariano Rajoy para el 20-D, ha sido desplazada de la agenda electoral. Sus sustitutos son el desafío antidemocrático catalán y la eclosión de la amenaza yihadista desde los atentados de París. Estado de Emergencia en Francia, situación de guerra en las calles de Bruselas y el miedo instalado que facilita el recorte de libertades en las sociedades europeas.
Pero vayamos por partes. Primero, la conexión existente entre el desafío en Cataluña y los atentados de París.
Si el trayecto a la independencia de Cataluña era complicado, los atentados de París lo hacen casi metafísicamente imposible. Naturalmente salvo que quienes lideran esta ensoñación apostaran por la autarquía, lo que llevaría a Cataluña al siglo XIX.
La nueva formulación de la amenaza terrorista refuerza la necesidad del cumplimento de la ley. Las restricciones de derechos necesitan el amparo de una ley aunque sea excepcional. Cualquiera que base sus proyectos en el incumplimiento sistemático de la ley es un cadáver político en esta Europa en crisis. Y los fabuladores de la independencia catalana han elegido el incumplimiento de la ley como su principal tecnología política. Algo que horroriza en todas las cancillerías europeas.
En la sociedad catalana muchos acaban de descubrir que los hechos tienen consecuencias. Aprobar una resolución parlamentaria que exige la desobediencia a la ley a todos sus funcionarios es un harakiri casi perfecto. Los empresarios catalanes, siempre tan prudentes hasta el límite de la cobardía en muchos casos, se han pronunciado exigiendo un gobierno que respete la ley. ¡Es genial que existan situaciones políticas en que se pueda entender que es necesario exigir a un gobierno que cumpla la ley!

Quien en el proceso electoral del 20-D dé imagen de que es capaz de hacer cumplir la ley en Cataluña aumenta su capacidad de liderazgo. Rajoy lo sabe y además está teniendo la inteligencia de no sobreactuar. Firmeza en la normalidad democrática. Sin amenazas añadidas. A ese carro se han sumado el PSOE y Ciudadanos. Han conseguido su espacio en la foto. Los matices no son fáciles de desarrollar. En este acápite Mariano Rajoy tiene ventaja porque ha conseguido rodearse de una parte importante de la oposición, que queda condicionada en la campaña.
Segundo tema. La amenaza terrorista.
Es difícil no estar en el pacto antiyihadista. Pablo Iglesias lo tiene complicado porque quien redactó el texto del pacto tuvo mucho cuidado en que quedara reflejada la defensa de derechos y libertades como objetivo prioritario. Intentar hacer la falsa ecuación entre este pacto y el recurso de la guerra de Irak es muy difícil.
Es cierto que hay un sector de la intelectualidad y de la izquierda que eleva a la categoría de guerra como atentado contra la humanidad. La guerra es un concepto que admite muchos matices. Y el primer condicionante es tener en cuenta quien la declaró. En el ataque a Pearl Harbour estableció la legitimidad de Estados Unidos para declarar la guerra a Japón. La invasión de Polonia en 1939 bendijo la declaración de guerra de Francia e Inglaterra a Alemania. Al contrario, el abrazo de las Azores certificó la ilegalidad de la guerra de Irak con el añadido de que se demostró la mentira de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak.
Si una acción militar contra el Daesh tiene la bendición de la ONU, no tiene recorrido la equiparación con la guerra de Irak. Si además hay un gran consenso internacional para realizar un ataque, aumenta la dificultad de su deslegitimación.
La guerra solo es inaceptable cuando se puede evitar. Y si hay un estado que controla territorio, tiene un sistema judicial, financiero y militar que lo soporta, es difícil que cuando declara la guerra no encuentre respuesta en la guerra.
Naturalmente con matices. No puede ser la única respuesta al desafío terrorista y debe tener mucho cuidado con los daños colaterales. En primer lugar, con evitar las víctimas de la población civil. Debe contar también con un plan viable, democrático y consensuado para el día después. Tiene que tener mucho cuidado con la amenaza de una extensión de la xenofobia hacia los musulmanes. En especial, en Europa donde se juntan grandes masas de población musulmana y fuertes movimientos de extrema derecha.
Mariano Rajoy ha leído con detenimiento el vademecum de las equivocaciones de Aznar. No quiere cometer ninguna. Y cualquier compromiso militar con la respuesta que lidera Francia tendrá que esperar.
Con estos dos parámetros, Podemos en especial, pero también el PSOE, están muy condicionados y no les va a resultar fácil distinguirse del Gobierno. Podemos se va a arriesgar. Ya lo ha hecho desmarcándose del pacto antiyihadista. Y el PSOE no puede enarbolar la bandera del «no a la guerra», con los ataques de París todavía calientes y un presidente socialista francés al frente de los galos. El PSOE tendrá que matizar mucho su posición y eso tendrá riesgo de invisibilidad.
Así las cosas, en estas elecciones celebradas en estado de excepción, los guardianes del orden tienen más oportunidades de ganar. Rajoy nunca pudo soñar con un escenario mejor.

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