Fernando Jáuregui – Tercera guerra mundial, o algo así

Fernando Jáuregui - Tercera guerra mundial, o algo así


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Dice Albert Rivera, en una de las entrevistas más sólidas que le he leído, que «ojalá» no estemos ante la tercera guerra mundial. Sí, esa misma guerra mundial que el Papa Francisco, que me parece una de las figuras más admirables de la actualidad mundial, asegura que ya está aquí, por entregas. O sea, una especie de confrontación no globalmente cruenta, aunque con dolorosos episodios terroristas. Lo de los capítulos que decía el Pontífice debe incluir también, sin duda, esa batalla cibernética en la que no se disparan balas, pero sí misiles de infamia, de espionaje de nuestras vidas privadas y de sabotajes económicos y comerciales. O puede que también considere entre estos capítulos el expansionismo de Putin, hoy aliado coyuntural de los franceses en la lucha contra el terror del mal llamado Estado islamista.
El análisis de la coyuntura internacional es, por tanto, complejo, y ha de abarcar desde el yihadismo y todas sus ramificaciones hasta la inestable situación de Turquía, o la «batalla de hackers» centrada entre Rusia, China y los Estados Unidos, principalmente. No es, pienso, un tema para los debates preelectorales, sean como sean estos debates -lástima que Rajoy, en su nueva versión simpática, no haya accedido a debatir televisivamente con todos los restantes candidatos–: demasiado profundo para los tiempos de frivolidad preelectoral que vivimos, plenos de partidas de ping pong, de comentaristas deportivos que viven en La Moncloa y de declaraciones de insoportable levedad social.
No, definitivamente no corren tiempos para andar de campaña electoral huérfana casi de programas. Tengo para mí que los partidos afrontan esta recta final hacia el 20-D procurando no comprometerse demasiado en sus planes de actuación futura en cualquiera de esos campos tan sensibles para el electorado de toda España: el combate, en alianza con algunos socios de la UE, contra el islamismo asesino o, en muy otro orden de cosas, las soluciones a proponer para el embrollo territorial que se cierne sobre el país, básicamente en Cataluña, pero no solamente ahí. Nadie, excepto quizá el líder de Ciudadanos, llevado de una cierta prisa por destacarse de la ambigüedad en este campo de Rajoy, aboga hoy por una intervención española armada en Siria -pese a que algunos medios influyentes lo pidan–, pero tampoco se desmarcan abiertamente, excepto los situados a la izquierda del PSOE, de esa posibilidad.
Nadie, ni siquiera, que yo sepa, Rivera, que quizá sustente las posiciones abiertamente contrarias a ello, se atreve a preconizar una reforma concreta, en el sentido preconizado por ejemplo por Josep Antoni Duran i Lleida -incluir una disposición adicional en la Carta Magna–, de nuestra Constitución para dar cabida a una excepcionalidad catalana: eso tendría un coste muy alto de votos para quien lo propusiera en Zamora, Socuéllamos, Punta Umbría o cualquier otro punto del territorio nacional fuera de Cataluña. Donde la guerra no es mundial, pero sí de secesión, para llamar a las cosas por su nombre. Así que, si en verdad, hay guerra, tendrá que esperar hasta al menos el 21 de diciembre, que será la fecha en la que todos los que ahora se dedican a otras batallas, las deportivas sin ir más lejos, para que nuestros responsables empiecen a hablar claro sobre la cuestión.
Ah, por cierto; noticia de alcance planetario: me dicen que en el encuentro de ping pong entre Rajoy y Bertín Osborne, ya grabado y que se emitirá la semana próxima, el presentador pierde ante el presidente. País…

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