Rajoy y Ciudadanos. ¿Cuál es el mal menor?


Alguien se preguntaba hace unos días si Argentina era un país de bandidos, en alusión a la victoria de Macri en los comicios, por una diferencia pírrica con Kirchner, la famosa dama de negro, del botox, la incultura y la corrupción. Estos bien podrían ser los lemas de su escudo de armas cuando en el infierno le den un marquesado. Parece que ni el Papa argentino consiguió apartarla del mal camino y conducirla por la del arrepentimiento y la restitución de lo robado, como mandan los cánones. Argentina no es un país de bandidos sino de incautos durmientes que colocan en la poltrona, una y otra vez, a gente que llega con el diploma de corrupto y un máster en manipulación. Los “perones” y las “evitas” dejaron su impronta grabada en la piedra del obelisco masónico de Buenos Aires. Los argentinos son las víctimas de sus sátrapas, de sus mohatreros elegidos como mal menor. Pero ese problema no es exclusivo del país austral; lo padecemos todas las naciones con derecho a voto. (En Cuba todo está votado; lo votó Fidel cuando bajó de Sierra Maestra tras fusilar a los disidentes).

España tampoco es un país de bandidos, pero también somos víctimas de esos pecados civiles que lleva la Kirchner en su conciencia: prevaricación, cohecho, malversación de fondos públicos, maquinación para alterar el precio de las cosas –no sé si aún existe esta figura—, en definitiva y en román paladino, vara alta para robar de manera legal, y vaciar las arcas del estado en sus alforjas a cobijo en paraísos fiscales. Por no hablar de las extrañas muertes “de Estado”.

En Espala tenemos un escenario sembrado de minas por el que caminamos inexorablemente hacia un 20-D sin esperanza, quizá las primeras elecciones en las que cualquiera de las opciones es mala. El PP de Rajoy es el partido de Gurtel, de Bárcenas, y demás oprobios que no vamos a citar y, por tanto, no es digno de seguir gobernando; ni él ni sus cómplices de alrededor. De los socialistas de pasado tenebroso de corrupción, y de presente de Eres de Andalucía y persecución de la jueza Alaya, para qué hablar si ya está todo dicho. A Podemos –como ya he escrito en otro lugar—ya le hemos visto el rabo, y es peludo. A Vox no le van a perdonar no haber fichado además de a Carmen Lomana, a Belén Esteban, y muchos ya les han retirado el voto de intención. Será porque la ex de Jesulín ya ha dicho que votará a Ciudadanos y se ha fotografiado con Albert Rivera. Total, que el panorama es para llorar.

Es cierto que muchos españoles tienen puestas las esperanzas en Ciudadanos, un partido compuesto por chicas y chicos jóvenes y guapos, dotados además del don de la palabra encadenada en forma de discurso, empezando por su líder. Eso queda bien, no cabe duda, y conquista. ¿Pero es imprescindible ser un piquito de oro en política? Los grandes embaucadores lo son. ¿Es imprescindible ser joven? En política, yo creo que no, igual que en la judicatura u otras profesiones. Es verdad que estos jóvenes políticos no tienen historias negras y esto, unido a sus buenas intenciones, es un valor a su favor. Sin embargo, no está de más decir que están jugando en un escenario muy propicio para lucirse, ante una sociedad ansiosa por ver luz al final del túnel; una sociedad que quiere, ante todo, ver un rayo de esperanza. Y parece que ese rayo de esperanza, como antorcha de Prometeo, viene de la mano de Albert Rivera, para salvar a los españoles. Pero hay que tener en cuenta que ocupar el sillón de la Moncloa puede desencadenar mucho disparate y ocurrencia, y de eso ya sabemos un poco; solo hay que recordar a Zapatero. También hay que decir que Ciudadanos es un partido progre, que defiende el aborto, la eutanasia, el feminismo de género con todos sus vectores, amén de otros postulados laicistas.

Personalmente veo a Albert Rivera como un pequeño dictadorcillo al que solo le falta poder para ejecutar lo que siempre soñó, y la oreja ya la asomó en unas cuantas ocasiones. A tan pocos días de las elecciones nos planteamos la disyuntiva del mal menor. Parece una frivolidad, pero es lo que hay.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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