Francisco Muro de Iscar – La Navidad de las fronteras


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

Ahogados por el consumismo y por ese laicismo de manual antiguo que algunos resucitan, cada año es más necesario, casi imprescindible, explicar qué es lo que celebramos en estas fechas, qué queremos expresar cuando decimos Feliz Navidad, qué representa el Belén, cuál es el mensaje que lleva la conmemoración del nacimiento del Dios niño, cómo esa tradición forma parte indivisible de nuestra cultura, especialmente en Europa. Y cómo no se puede entender nuestra civilización, nuestra cultura, nuestra forma de vida sin esa realidad religiosa que está en el arte, la música, el cine, la literatura, el teatro, y hasta en los usos y costumbres sociales. En todo. Renunciar a Dios y a la religión católica es eliminar una parte esencial de nosotros mismos.
Esta Navidad es la Navidad de las fronteras. En las de Europa hay cerca de un millón de refugiados que, como hace veinte siglos, llaman a la posada y nadie les abre la puerta. Y acaban naciendo, muriendo, viviendo en tiendas de campaña, los pesebres de ahora. Esta Navidad es la Navidad de la desigualdad entre los que tenemos mucho más de lo que necesitamos y los que sobreviven con menos que nada en esos campos de refugiados o en muchos países de Africa y de Asia. La Navidad de los que tenemos paz y la de los que viven bajo la amenaza constante de las violaciones, los secuestros, la tortura y la muerte que causan las guerras. Esta Navidad debería ser una Navidad de campaña con los que sufren hasta límites que están fuera de lo normal, de lo permisible.
Por eso hay que recordar que la Navidad es el nacimiento del niño que años después nos dejaría el mensaje de amor más revolucionario y menos practicado de la historia: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Sin distinción de credos, de razas, de sexos, de ideas, de condición. Ese Cristo que ahora recordamos, es el que lanzó el mensaje de liberación de los hombres, el que defendió la igualdad y la autonomía de las mujeres ¡hace 2000 años!, el que habló de amor, perdón y misericordia, tan actuales ahora gracias al Papa Francisco.
En Italia y en España algunos se empeñan en eliminar hasta los villancicos y los belenes en los colegios y en los lugares públicos. Los esconden o proponen boutades tales como que haya una reina Maga entre los tres reyes -¿por qué no un rey, una reina y un transexual para ser políticamente correctos?-. Confunden, a veces intencionadamente, el sentimiento religioso, el mensaje de paz y de fraternidad con un símbolo de exclusión. La Navidad es una oportunidad de volver a empezar, de sacar lo mejor de cada uno, de ver cómo podría ser el mundo si todos aceptáramos el mensaje de ese niño Dios que eligió nacer entre los excluidos y que siempre distinguió a los desfavorecidos como los grandes merecedores de su amor. Dios está hoy en las fronteras, cerca, sobre todo, de los que sufren, de los que han perdido su hogar, de los que huyen del terror, de los que han perdido a sus seres queridos, de los que no tienen nada. Ni siquiera afecto o esperanza. Y siempre al lado de los hombres de buena voluntad. Ojalá su mensaje de amor y paz calara también nuestros corazones. Feliz Navidad.

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