El Abanico – El alto precio de la emancipación.


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

El observatorio de Emancipación ha puesto el dedo en la llaga: el 80% de los jóvenes españoles menores de 30 años viven con los padres. Un dato que debería avergonzar a los gobernantes de nuestro país, tanto a nivel nacional como autonómico, porque demuestra hasta qué punto han fracasado las políticas de empleo juvenil, pero sobre todo una reforma laboral que podría haberse convertido en el motor de la esperanza para esas generaciones de jóvenes suficientemente preparados pero que debido al mal uso que se hace de ella se ven obligados a aceptar trabajos precarios, mal remunerados, lo que les impide volar fuera del nido familiar.
Habrá quién piense que si no se van de casa de los padres es por comodidad. Y algo de razón sí tienen pero hay otras de más peso: el alto precio de la vivienda, no digamos ya del alquiler, así como la falta de trabajos bien remunerados e indefinidos que les impide pensar siquiera en tener su propia vivienda por pequeña que esta sea.
Lo de emanciparse es una de las aspiraciones que tienen los jóvenes una vez terminan sus estudios o que cuentan con un trabajo decente, desde hace muchísimos años. En el franquismo, marcharse de casa no estaba muy bien visto por aquello de la educación católica que marcaba en cierto modo que para abandonar el hogar paterno había que hacerlo pasando directamente por el altar del matrimonio. Pero ya desde los 80, la mayoría de los jóvenes renunciaban a la casa de mamá y papá para vivir más libremente y poder compartir con gente de su edad y condición sus vidas. A finales de los 90 llegaron los mileuristas y ya empezaban a tener problemas para vivir por libre con aquellos sueldos que entonces se nos antojaban escasos. Pero he aquí que con el cambio de siglo, muy poco después los sueldos mileuristas empezaron a ser un sueño y ahora raro es el joven que por muy cargada que lleve su mochila de títulos superiores y alta cualificación profesional llegue a esos mil soñados euros y se tiene que conformar con un salario que ronda los 700 u 800 euros en el mejor de los casos.
Por ello, al margen de los expatriados que conforman unos cientos de miles de españoles que han decidido emigrar a otros países, son muy pocos los menores de 30 años que han logrado su propio nido y se han independizado del hogar paterno.
De estos temas, apenas hablan en sus programas los partidos políticos, pero entiendo que tienen su importancia para la formación integral de los jóvenes. Vivir su propia vida en un piso propio o alquilado no es una ensoñación, es el resultado de la madurez de una sociedad que apuesta por la independencia de los individuos. Los padres forman, apoyan y dirigen los primeros años de la vida pero cuando los jóvenes llegan a cierta edad, lo mejor es que empiecen a volar por su cuenta. Hacerlo en unas condiciones dignas es más que una aspiración una necesidad para que la sociedad madure.

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