Antonio Casado – La CUP mató a Mas


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

La coherencia de la alegre muchachada anticapitalista, y no Mariano Rajoy, mató políticamente a Artur Mas y alfombró el paso a tres estrellas de la política catalana del tiempo que viene: Oriol Junqueras, Ada Coláu e Inés Arrimadas. El president en funciones está liquidado con el «no» de la CUP a su investidura. Pero aún está a tiempo de prestar un servicio a la causa de la Cataluña una, grande y libre, si cede el paso a otro candidato. Tiene una semana para jugar esa pelota que los cuperos han dejado a sus pies e irse con dignidad. Le dan la oportunidad de demostrar lo que tantas veces dijo y tantas veces traicionó: que no era cuestión de nombres y jamás sería un obstáculo en el camino hacia la independencia.
Todo lo cual pone hoy ante la ciudadanía en el trance de buscar al responsable de que Cataluña, si Mas no hace mutis por el foro en las próximas horas, esté abocada a un cuarto proceso electoral en cinco años y tres meses más de interinidad en el Govern. En estos momentos los catalanes se preguntan si la culpa de la época más negra y más absurda de la política catalana la tiene la CUP por rechazar la candidatura de Artur Mas o Artur Mas por no haberse sacrificado antes en nombre de la causa soberanista. Sobre todo los catalanes de fe nacionalista.
En cuanto a los contrarios a la reaventura separatista, seguramente hoy estén agradeciendo a la coherencia de los cuperos el descarrilamiento de dicha aventura, al menos en su actual planteamiento si, insisto, el bloque de Junts pel Si y la CUP no encuentra un candidato a ser investido por el Parlament antes del próximo 10 de enero.
Entretanto, los estados de opinión entre la ciudadanía catalana son de cansancio, con clara tendencia al desistimiento, aunque habrá que esperar para saber cuál de los dos bandos, el independentista o el unionista, va a salir electoralmente más favorecido.
En teoría, las consecuencias de lo ocurrido ayer en la dirección de la CUP se harán sentir en todos los cruces de la política catalana con la nacional. Para empezar, la averiada CDC de Artur Mas (herederos de Jordi Pujol) pierde toda la iniciativa a favor de su socio republicano.
Por resumir, la decisión de la CUP abre espacios en la política catalana a la ERC de Oriol Junqueras y la coalición En Común Podem de Xavier Doménech (o sea, de Ada Colau). En política nacional los espacios se le van a cerrar a Podemos, cuyo mensaje (referéndum de autodeterminación) frena sus opciones de alinearse con el PSOE y de crecer en provincias poco favorables a alimentar el independentismo catalán.
También en el marco nacional conviene esperar dos o tres días (hasta saber si puede haber nuevo candidato) para saber en qué medida la situación creada en Cataluña va a generar más inestabilidad en la política española o, por el contrario, va a generar anticuerpos que favorezcan un ataque de responsabilidad en el PSOE, el partido que hoy por hoy tiene la llave de la gobernabilidad.

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