Carmen Tomás – Empeoran las perspectivas sobre España


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

En los últimos días está creciendo la alarma sobre la situación política de España. De hecho, Cataluña, que había dejado de estar en la mesa de los analistas de mercado como un problema inmediato, ha vuelto y con fuerza. El espectáculo lamentable que han ofrecido desde el Parlamento de Cataluña los partidos independentistas ha logrado empeorar las perspectivas sobre la economía en esa comunidad autónoma y en el resto de España. No hay ya en este momento una casa de análisis o una agencia de calificación que no haya puesto el grito en el cielo. Hay que tener en cuenta que el paso dado en Cataluña, donde el nuevo presidente está decidido a seguir al pie de la letra la inconstitucional declaración de independencia del 9-N, en España estamos sin gobierno y, lo que es peor, sin visos de que haya uno en el corto plazo. El secretario general del PSOE sigue empecinado en dar un no rotundo a una posible alianza de gobierno, a una gran coalición, que no sólo ponga todos los mecanismos existentes al servicio del estado de derecho y de la Constitución para que no se vulnere la ley en Cataluña, sino para que las cosas sigan funcionando y no se frustre una recuperación que ha costado tiempo y esfuerzo sacar adelante. Pedro Sánchez no ceja en su empeño de entrar en Moncloa al precio que sea. Es su cabeza la que está en juego y no va a dejar pasar la ocasión. Es cierto que lo tiene complicado. Podemos y Ciudadanos le ponen condiciones, pero parece que incluso está hablando con convergentes y ERC a la búsqueda de posibles apoyos de investidura. Todo, menos el bien común.
La cruda realidad es que mientras estas conversaciones de todos con todos están teniendo lugar y van dejando más dudas que certezas, los empresarios van perdiendo los nervios. Las necesarias reformas que hay que acometer se tienen que postergar y no se avanza en la política de reducción del gasto público que hay que acometer tal y como ya nos han señalado desde la Comisión Europea, para cumplir nuestros compromisos con la reducción del déficit. Las apuestas sobre el futuro de España son diversas, desde un gobierno en minoría del PP hasta la celebración de unas nuevas elecciones generales. Todas tienen riesgo y todas parecen soluciones con fecha corta de caducidad. Lo malo es que sin un panorama mínimamente despejado los inversores se lo piensan, el consumo se retrae y veremos sus efectos en el empleo, que sigue siendo -a nadie se le olvide- la principal preocupación de los españoles.

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