Escaño cero – Nervios de acero


(Rogamos a nuestros abonados que sustituyan esta columna por la anterior por un error en la firma. Disculpen las molestias)

MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Comienza una partida de poker descubierto. Una partida para la que se necesitan nervios de acero porque el desafío de los independentistas catalanes exige a las principales responsables del Estado no cometer errores.
Por ejemplo, a mí me parece un error que el Rey no haya recibido a la presidenta del Parlamento catalán, Carmen Forcadell, para comunicarle el nombramiento de Puigdemont como nuevo presidente de la Generalitat.
Forcadell es una independentista acérrima y Puigdemont dibujó ante los parlamentarios un programa de secesión, pero mire usted por donde su primera decisión fue cumplir con lo que dice la ley que no es otra cosa que hay que comunicar al Jefe del Estado el resultado de la votación parlamentaria.
Parece que se ha querido evitar la foto del rey con Forcadell y sin embargo a mí me parece que la foto habría sido un acierto. Pero mucho más que eso lo es comportarse con normalidad democrática.
De la misma manera que Mariano Rajoy ni puede ni debe dar un paso antes de que el nuevo presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, empiece la partida.
No se trata de dar pasos en vano pero, insisto, de actuar como se haría en circunstancias similares. Tampoco entiendo el empeño tanto del líder del PSOE como el de Podemos de que Mariano Rajoy que llame de inmediato a Puigdemont. No digo que no deban de hablar, deben de hacerlo, pero en estos momentos Mariano Rajoy lo único que le puede decir al Muy Honorable Presidente de la Generalitat es que felicidades por su elección y que espera que no intente llevar a cabo su anuncio de secesión porque recaerá sobre él el peso de la ley. Salvo eso poco más pueden decirse habida cuenta de que Mariano Rajoy es presidente en funciones y por tanto no puede hacer nada más y nada menos que aplicar la ley. Pero eso sí, por hablar que no quede, aunque ambos saben que la partida seria comenzara cuando haya un nuevo Gobierno.
También los líderes del PSOE, Podemos y Ciudadanos deberían de templar sus nervios. Está muy bien que expongan sus intenciones sobre lo que se debería de hacer o dejar de hacer, pero vuelvo al principio, hasta que no comience la legislatura y haya gobierno, no se puede hacer prácticamente nada. Sería insólito por ejemplo que el Parlamento se pusiera a trabar en una reforma de la Constitución sin saber si al final la aritmética va a permitir que se forme gobierno o si por el contrario se van a tener que repetir las elecciones, lo que dicho sea de paso no tiene por qué ser ninguna tragedia sino todo lo contrario.
Otra cosa es que algunos teman que si pasan por las urnas pueden perder algunos de los escaños conseguidos ahora. Y es verdad, todo puede pasar. Puede que muchos votantes de Ciudadanos se decanten por lo que consideren «voto útil» y vuelvan a votar a PP o al PSOE. Puede que algunos votantes de Podemos decidan regresar al PSOE. O puede que los votantes que le quedan al PSOE terminen definitivamente en Podemos. Que también puede pasar. Es decir, que los ciudadanos somos muy nuestros y cualquiera sabe que puede salir de las urnas si nos dan la oportunidad de una «segunda vuelta», pero en todo caso sería de esperar que fuera posible que algún partido obtuviera una mayoría suficiente para gobernar, aunque eso si, sin olvidarse que los ciudadanos vienen pidiendo diálogo y acuerdos y más en un momento como éste.
Lo que esta claro es que ahora mismo hay un grave problema encima de la mesa que no es otro que los independentistas catalanes están al frente de Cataluña y que pueden empezar a actuar en la dirección que han prometido, es decir hacia la secesión. Si lo hacen, el Gobierno tiene la obligación de poner en marcha los mecanismos del Estado de Derecho para cortar esa iniciativa. Pero no puede hacerlo ni un m minuto antes ni un minuto después.
En los próximos días veremos de lo que es capaz Carles Puigdemont. Mientras tanto, atentos a la partida.

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