Escaño Cero – «Presidente Sánchez»


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

En los conciliábulos madrileños ya empiezan a dar por hecho que Pedro Sánchez puede ser presidente de gobierno. Y no porque lo diga Albert Rivera, sino porque su empeño y ambición desbordan cualquier previsión.
Así que quienes echan cuentas dan por seguro que entre Pedro (Sánchez) y Pablo Iglesias, habrá acuerdo, que Podemos no puede permitir que Rajoy repita como presidente y para eso solo tiene que o bien apoyar o abstenerse en la investidura del líder socialista.
Y no deben andar desencaminados los que sobre los manteles hacen estar cábalas porque en el PP empieza a cundir el desanimo por más que aún esperan que los mandamases del Ibex 35 presionen a Albert Rivera para que den luz verde a la investidura de Rajoy.
Pero Rivera no parece dispuesto a «mojarse» en tamaña aventura al menos sino va de la mano del PSOE, así que ahora mismo todos los contendientes están jugando una partida que parece que puede dar como ganador a los puntos a Pedro Sánchez.
Otra cosa es si un gobierno socialista sustentado por Podemos es lo mejor para España habida cuenta que Podemos no va a apoyar a Sánchez gratuitamente. Así que la pregunta es que precio está dispuesto a pagar Pedro Sánchez por convertirse en Presidente.
Por lo pronto su «gesto cortés» con los independentistas catalanes para que formen grupo parlamentario en el Senado no ha gustado en las filas de su partido y ha desconcertado a muchos votantes socialistas. Un gesto así no es gratis como bien ha dicho el presidente de Castilla-La Mancha. Decir lo contrario es tomar a los ciudadanos por tontos.
Lo cierto es que Pedro Sánchez es lo suficientemente inteligente para saber que no cuenta precisamente con grandes afectos dentro de sus filas y su única mejor opción es convertirse en presidente porque no hay mejor argamasa que la del poder.
El rostro de Sánchez ha ido transformándose desde que se convirtió en secretario general. Y lo mismo que su rostro como el lenguaje corporal denotan a un hombre que ha perdido esa frescura del principio, una cierta inocencia, pero que lo suple con suficiente ambición para resistir a propios y extraños. Por eso ya a nadie descarta que aunque el precio a pagar sea elevado el próximo presidente se apellide Sánchez.

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