Fermín Bocos – Un escandalo


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

El caso de la maestra, pensionista jubilada de Ossa de Montiel (Albacete), sancionada por Hacienda a pagar una multa de 23.000 euros por haber cobrado durante dos años pequeñas cantidades de dinero (91 euros al mes) dando clases de manualidades, clama al cielo. Es un escándalo. Sobre todo sí se compara con el limbo en el que duermen los expedientes de Jordi Pujol (defraudador confeso de Hacienda durante más de 20 años) o el de Rodrigo Rato, beneficiario durante mucho tiempo del daltonismo selectivo del Fisco.
Hasta que su caso llegó a los juzgados para Rato nunca se encendió la luz roja que pone en marcha las famosas «paralelas». Revisión de la que también se libró durante años la Infanta Cristina de Borbón, ciudadana incursa en un proceso judicial del que, entre otras perlas, hemos obtenido la confirmación de una vieja sospecha: el Fisco no es igual para todos.
Cuando el Ministerio insistía que «Hacienda somos todos», en realidad no era más que un lema publicitario. Palabra de la abogada del Estado (Dolores Ripoll) personada en la vista que se celebra en Palma de Mallorca por el «caso Nóos».
En realidad, «Hacienda no somos todos» como advertía la sabiduría popular mucho antes de conocer el caso de las largas «vacaciones fiscales» del ex honorable Pujol o la pachorra con la que se tomaron el encargo de inspeccionar al ex ministro Rato.
Si el caso de la pobre maestra obligada a pagar una multa a todas luces injusta conmueve, el de los escritores jubilados y por lo tanto pensionistas, a los que Hacienda multa si siguen escribiendo y cobran por ello, indigna. Que un escritor no pueda seguir creando a partir del momento en el que cobra una pensión a la que tiene derecho tras haber cotizado durante 40 años, es un escándalo. Sobre todo si caemos en la cuenta de que a los políticos que han instaurado semejante dogal para los demás no les afecta semejante incompatibilidad.
Un ex diputado que se haya jubilado puede dar clases o escribir sus memorias (cobrando derechos de autor) y mantener intacta su pensión. Es la ley del embudo. Y luego se preguntan por qué la gente estaba harta de la casta.

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