Rajoy, Sánchez, sus barones y la incertidumbre


Parece que los periodistas no tenemos mucho futuro como adivinos, ni siquiera dándonos pistas y diciéndonos por qué letra empieza. Lo cierto es que todos los pronósticos pre y postelectorales han quedado en nada y a día de hoy aún no sabemos lo que nos deparará el mañana. Pero no queda más remedio que seguir en el juego, intentando razonar la sinrazón y desenmarañar la incertidumbre.

Entre los políticos hay mucho anormal suelto, mucho psicópata y mucho trepa. Si son un reflejo de la sociedad, como dicen algunos, mal vamos, muy mal. Pero quejas y consideraciones aparte, vayamos al espectáculo por entregas que se nos interpreta estos días, al que se recomienda asistir con pañuelo, porque el tema es para llanto con mocos. Por una parte tenemos a un Podemos insolente que aparte de defender a los etarras y quitarnos el papel higiénico como en Venezuela, cerrar medios de comunicación y convertir las iglesias en mezquitas, se salta todas las normas sociales, incluida la ducha diaria. Pide la vicepresidencia y varios ministerios, pero no el ministerio de la “calceta” o la “jardinería”, no. Se le antoja al de Vallecas tener bajo su coleta nada menos que Defensa, Justicia, Educación y alguno más. ¡Casi nada! No pide para él la masa votante del PSOE porque sabe que acabará engulléndola. Que Podemos acabará fagocitando a los socialistas si se produce el pacto, está más que claro. Una desgracia, porque Podemos, más que gobernar pretende establecer un Estado totalitario donde parasitar in eternum, dejando unas migajas para que la derecha picotee, pero sin posibilidades de gobernar nunca. Ese era el viejo sueño de Azaña, resucitado casi medio siglo después por Felipe González.

En otro de los vértices vemos a un Pedro Sánchez empeñado en ser presidente sin votos, aunque tenga que recurrir a la portera de su casa para que se los preste. En paralelo, al lado o en contra, tenemos a los barones de su partido que no saben si oponerse y dejar que gobierne el PP, o seguir escondiendo la cabeza bajo el ala y permitir a Sánchez que los podemitas acaben con lo que queda de partido.

Quien realmente está ejerciendo de tahúr es Mariano Rajoy. ¡Qué hombre retorcido! No sé si juega al mus, pero cualquiera diría que entiende la jerga y sabe decir “paso”. Eso hizo en presencia del Rey al propiciar que este le invitase a formar gobierno, para negarse con la disculpa de la falta de apoyos, y que la pelota rebotara al tejado de Sánchez. ¡Jugada maestra para ganar tiempo, empeorar la situación y forzar nuevas elecciones! ¡Esto sí es un trilero profesional! No obstante, es una buena oportunidad para que los militantes del PP –si no quieren pasar a militar en la nada—demuestren que tienen un poco de sentido común. Algo tarde, pero es mejor que nada.

Algunos se conforman con que Sánchez y Rajoy desaparezcan. En efecto, los dos son un problema, problema que se extiende a sus incondicionales. Porque ¿quitamos a Rajoy y ponemos a Soraya, a Cospedal o a cualquiera de los allegados, que siempre se han callado ante la corrupción y ante la política del gobierno en los cuatro años de mandato? ¿No son todos iguales? Habría que preguntar a las bases, y la manera de hacerlo es democráticamente, mediante primarias. Habrá en el PP personas honestas, capaces, con vocación de servicio, ¿no? ¡Se ve tan lejano esto! Parece que hablamos de utopías más que de realidades.

Dicho esto y ateniéndome a la racionalidad que aún me queda, aunque con rabia, creo que lo menos negativo sería aplicar el viejo aforismo de Hipócrates, “a grandes males, grandes remedios”. Parece que lo más sensato sería una solución a la alemana, una unión entre PP y PSOE con el apoyo de Ciudadanos. Solo así se podrían acometer las reformas constitucionales, frenar el separatismo catalán y reactivar la economía. Reconozco que esto sería una especie de remiendo, porque el cáncer de la corrupción de los dos grandes partidos que gobernaron España a lo largo del periodo democrático, está tan extendido que harían falta unas cuantas sesiones de quimioterapia. Pero, de momento, mejor que Podemos, cualquier cosa. Eso sí sería una muerte segura.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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