Escaño Cero – Principios de quita y pon


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

¿Se acuerdan de esta frase memorable de Grucho Marx?: «Estos son mis principios si no le gustan tengo otros». Lo he recordado ante la decisión del gobierno italiano de tapar y encajonas las estatuas de los Museos Capitalinos de Roma para no ofender la moral del Presidente iraní Hasan Rohani.
Estatuas castigadas en cajones blancos por lucir sus cuerpos desnudos no fuera a ser que se frustrara la firma de sustanciosos contratos por 17 mil millones de euros entre el Gobierno italiano y el iraní.
Estos son los principios no solo del Gobierno italiano sino de Occidente en general cuando se trata de dinero e intereses geoestratégicos.
Vaya por delante que me parece un acierto que se haya puesto punto final al embargo contra Irán y que se normalicen las relaciones con este país. Pero en lo que se refiere a las relaciones internacionales los cierto es que los países occidentales son de un cinismo estremecedor, no tienen principios, solo intereses de ahí que los mandatarios occidentales hagan «la ola» a los mandatarios de países como Arabia Saudita o los países del Golfo a los que consideran amigos sin importarles que no respeten los derechos humanos y que las mujeres sean poco menos que nada en esas sociedades.
Así que tampoco nos debe de extrañar que de ahora en adelante se mire hacia otro lado en lo que respecta a algunas «peculiaridades» iraníes.
Esconder estatuas para no molestar a la delegación iraní me parece una sumisión insoportable. Si a ellos les ofende los desnudos somos muchos a los que nos ofende ver a las mujeres envueltas de arriba abajo en telas que las convierten en prisioneras. Si, nos ofende que no ostenten los mismos derechos que los hombres, que sean tratadas como permanentes menores de edad, que no sean dueñas de sus cuerpos, que tengan prácticamente vedada la participación en política, que por no poder ni siquiera puedan conducir.
Me parece a mi que nuestros dirigentes europeos tienen la obligación de defender nuestro modelo de sociedad, y eso pasa por no doblar la rodilla renunciando a la defensa de valores que no pueden siquiera ponerse en cuestión y menos por un plato de lentejas aunque ese plato alcance la cifra de diecisiete mil millones de euros.
Las relaciones con países «amigos», los países «aliados» o aquellos con los que simplemente se mantienen sustanciosos acuerdos comerciales, no pueden pasar por pagar un precio consistente en la renuncia o ocultamiento de, insisto, nuestros valores. Si uno es capaz de guardar sus valores en un cajón cómo pretende que le respeten los demás.
Si al presidente iraní Hasan Rohani le molestaba encontrarse de frente con una Venus esculpida en mármol o con la desnudez de una imagen masculina, el Gobierno italiano podía haber actuado con astucia y encontrar un lugar para recibir a su huésped donde no hubiera ninguna estatua desnuda. Pero tapar las estatuas de los muesos capitalinos ha sido una humillación, una señal de sumisión insoportable. Una cosa es no servir vino en las recepciones oficiales y otra tapar estatuas. Además a los «amigos» hay que saber decirles «no».
Una vez más los gobernantes occidentales, en este caso el italiano Mateo Renzi han llevado a la practica la frase de Groucho Mars: «Estos son mis principios pero si no le gustan tengo otros». ¡Que vergüenza!

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