Fernando Jáuregui – ¿Se atreverá Rajoy a liderar el comité federal del PSOE?


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

A Mariano Rajoy, que este jueves sacará pecho con las cifras del paro -tarea inútil, por demasiado repetida–, le crecen los enanos en cuanto extiende la carpa de su circo: el nuevo estallido de la corrupción valenciana, no por presentido menos espectacular, llega hasta la misma orilla de las amistades monclovitas. Rita Barberá, la ex eterna alcaldesa de Valencia, se encuentra bajo sospecha de corruptelas varias, junto con algunas personas que le son muy cercanas. Y son muchos los medios que ya andan diciendo que Rajoy, o se somete ya mismo a una investidura que no puede ganar, o se retira. O, digo yo, ambas cosas. O también…
Qué duda cabe de que el presidente del Gobierno en funciones anda estos días como abrumado. Le planifican operaciones de imagen que vienen a ser más de lo mismo quienes, con buen tino, intentan desde los pasillos de La Moncloa hacer creer a la ciudadanía que no pasa nada, que la normalidad impera en las tareas del Ejecutivo. Claro que no es así y sirva como ejemplo el que haya tenido mucho más protagonismo mediático en las últimas horas Soraya Sáenz de Santamaría, la vicepresidenta omnipresente, que un Rajoy apagado y que, algo a regañadientes, consintió este miércoles en dejarse caer por un muy concurrido programa televisivo matutino, para lanzar algún mensaje importante, y que quizá este jueves trate de capitalizar las relativamente buenas cifras del combate al desempleo.
A Rajoy, a quien uno le consideró en un programa radiofónico como «incapacitado» para gestionar su actual situación, apenas le queda una oportunidad, una bala en la recámara para demostrar que tal incapacidad no existe y que puede lograr su investidura «in extremis», contando con la complicidad del PSOE. O, al menos, lograr que gobierne, en gran coalición, otro designado del PP, si suponemos que el actual presidente en funciones podría acabar tirando la toalla porque ya no se siente capaz de pilotar lo que está viniendo.
Para conseguir que el PP no quede del todo descabalgado del poder, Rajoy tendría, me parece, que controlar lo que suceda en el comité federal del PSOE este sábado. Nada menos. O sea: seducir, en suma, al PSOE. Ya comenzó, hay que reconocerlo, a hacerlo este miércoles, cuando ofreció a los socialistas el apoyo del PP para que gobierne «con estabilidad» en las autonomías y municipios en los que están gracias a Podemos. Un primer paso interesante, pero solo un primer paso: la oferta tiene que ser más completa. Y tiene que hacerla ya.
Sí, le quedan horas al presidente del PP y del Gobierno (en funciones) para lanzar «urbi et orbi» un programa concreto de lo que sería su Gobierno pactado con los socialistas y con Ciudadanos. Un programa no muy diferente del programa electoral socialista, que, en realidad, no es demasiado diferente del de los «populares». Puede que Rajoy pretendiese reservarse este lanzamiento de una oferta «que Pedro Sánchez no pudiese rechazar» para su discurso en la sesión de investidura, esa a la que dijo que, por supuesto, pensaba someterse… horas antes de darnos la sorpresa de desistir, por el momento, de hacerlo.
Ya no le queda, en todo caso, tiempo para eso, porque, primero, ni se sabe a este paso cuándo sería la tal sesión de investidura. Y, segundo, quién sabe si, de aquí a la semana próxima, no aparecerán (quizá demasiado oportunamente, pero ese es otro cantar) más casos llamativos de corrupción afectando a un PP que ha luchado contra esta lacra, sí, pero acaso tarde y no del todo bien. Además, la reunión del comité federal, salvo aplazamientos de ultimísima hora, que todo cabe en este guirigay político, se celebrará este sábado. Y tiene, en principio, visos de que todo puede ser aceptado en el seno del máximo órgano dirigente del PSOE entre congresos… todo, excepto, hasta el momento, un pacto con el PP para formar una gran coalición o un acuerdo de Gobierno junto, también, con Ciudadanos.
Solamente, por tanto, una oferta muy generosa de Rajoy, que convenciera a los muchos socialistas que a su vez recelan de pactar con Podemos, y menos tras los desplantes públicos de Pablo Iglesias, de que el programa socialista podría llevarse a cabo en el seno de la gran coalición, con o, preferentemente sin, Rajoy, podría acaso

-acaso– dar un giro a las decisiones de los socialistas. Para ello, claro, sería necesaria una nueva «vuelta de tuerca» en el giro copernicano que hay que reconocer que ya ha iniciado Rajoy; giro copernicano, sí, pero insuficiente. Y ya digo, tardío.
Porque ahora, cuando se ha iniciado la segunda ronda de las consultas del Rey para llegar a la investidura, muchas cosas giran en torno a ese comité federal socialista: si Rajoy no tiene su futuro laboral (político) asegurado, tampoco parece incuestionable que Pedro Sánchez lo tenga. Ha ido demasiado lejos en su apuesta por el «pacto de progreso» con Podemos y contra el PP, y ya se veía, quizá demasiado apresuradamente, investido con la piel del oso monclovita que aún no ha cazado. Consta que algunos «barones» y, desde luego, toda la «vieja guardia» del PSOE, recelan de lo que podría ser ese acuerdo con un Pablo Iglesias que ya se ha atribuido la vicepresidencia, cinco ministerios, el CNI, la televisión pública y vaya usted a saber qué más, en un nonnato Gobierno que nacería de un todavía inexistente acuerdo. Y no diría yo que la filtración del reciente encuentro de Felipe González con los embajadores de la UE en Madrid no haya sido realizada por algunas cancillerías europeas, interesadas en hacer saber que el líder más carismático que ha tenido el PSOE desde Pablo Iglesias (el fundador, claro está), es decir, Felipe González, está contra el pacto que quiere suscribir su sucesor remoto en la secretaría general socialista, Pedro Sánchez.
Así, es posible que una buena oferta programática y táctica de Rajoy pudiese tener efectos seguros en el desarrollo del máximo órgano decisorio socialista. ¿Oportunismo del presidente en funciones para mantenerse en el cargo? Yo quiero verlo de otra forma, entre otras cosas porque no estoy seguro de los afanes de permanencia de Rajoy: pienso que quiere asegurar, como sea, incluso «contra natura» (y la gran coalición no es un pacto «contra natura») la gobernabilidad del país en estos momentos tan delicados. ¿Golpe de mano contra Sánchez, cuando éste se encuentra débil dentro de su propio partido? Puede ser, pero eso, cuando la situación política es la que es, con todos los riesgos que implica y de los que nos avisan desde tantos sectores, resulta secundario.
He criticado mucho algunas cosas que ha hecho y, sobre todo, que no ha hecho, Mariano Rajoy. Ahora me sorprendo a mí mismo deseándole que acierte en esta singladura, porque a todos nos va mucho en ello y me temo, por otro lado, que, para perderle, los dioses han cegado a Pedro Sánchez…

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