Más que palabras – De Ana, rastas y pieles


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

A estas alturas de la película ya empiezo a no distinguir entre lo que se llama vieja y nueva política. Los viejos se hacen a diario una especie de «lifting» de campechanía impostada para parecerse a los nuevos, y los nuevos dejan entrever actitudes antiguas, antiquísimas cuando apenas si se han estrenado. Los representantes de las viejas políticas se muestran recelosos por lo de las rastas que luce algún diputado y los de la nueva por los abrigos que llevan las

periodistas.
A mi eso de que políticos y periodistas se tuteen en público y se gasten bromas evidentes de complicidad, como ahora está de moda, huele más a colegeo y compadreo que a respeto. No es sinónimo de complicidad ideológica sino de peloteo y no lo ha inventado Pablo Iglesias ni Podemos. Se inventó mucho antes y lo han utilizado todos los gobernantes para dejar claro que periodistas comían de su mano y eran dignos de halago y trato de favor a la hora de filtrar

cualquier scoop y quienes, por contra, eran «independientes» y por lo tanto indomables e irreductibles. Es un secreto a voces y algunos colegas así lo han publicado que Podemos entusiasma tanto a los periodistas como los acojona». Al repartidor de ministerios -ha escrito en el Mundo Agustin Pery- los compañeros le tutean, él les llama por su nombre y ellos le preguntan haciendo gala de un nada aconsejable compadreo. No ocultan sus inquinas periodísticas.
Tampoco se preocupan de guardar las formas. Para qué. Padecen de un cuadro claro de «autoritas» moral sobrevenida que les hace erigirse en garantes de la higiene democrática patria.
Con esos avales pueden faltar al respeto a quienes no hacen la pregunta adecuada, en el tono que ellos esperan y con la pleitesía que se merecen. «Esas palabras de Pery encierran verdades como puños y poco tienen que ver con la nueva política. Recuerdo como si fuera ayer la impresión que me causó cuando me vine a trabajar a Madrid, desde un periódico de provincias, el trato que tenían políticos y periodistas. Eran los comienzos del primer gobierno de Felipe González y la mayoría de los medios de comunicación habían apoyado la llegada de un gobierno socialista tras el fracaso de la UCD. El hecho es que la mayoría de las periodistas eran mujeres y algunas de ellas mantenían con los políticos del PSOE un tipo de relación que excedía lo profesional, cosa de la que yo no tardé mucho tiempo en

enterarme, cuando una de estas colegas me recriminó que le hiciera esas preguntas tan incisivas a «su chico». En esa época ejercía de

«enfant terrible» el todopoderoso Alfonso Guerra quien cuando le hacías una pregunta incomoda te tuteaba llamándote «niña» en tono despectivo o te invitaba a leer un libro «porque se ve que tu en la universidad has leído poco y mal» decía intentando humillarte en las ruedas de prensa, si la pregunta que planteabas no era de su

agrado.
Eso hacían los viejos políticos y ahora los nuevos repitan esquemas incluso perores. Eso es exactamente lo que hizo el otro día Pablo Iglesias cuando Ana Romero, una periodista de El Español, curtida en mil batallas profesionales y de reconocido prestigio, tuvo el atrevimiento de calificar la alianza de izquierdas como «coalición de perdedores» y le preguntó cómo pensaban pagar las deudas contraídas con Europa si gobernaban tras repartirse los ministerios que pedían al PSOE. La respuesta fue ironizar sobre el abrigo de pieles de la periodista que, al parecer, efectivamente era de piel …. Sintética, pero el líder de Podemos con su ironía pretendió

descalificarle como una de las representantes del capitalismo salvaje que la formación morada combate con saña.
Si la lenguaraz y faltona Celia Villalobos insinúa muy, desafortunadamente , que las rastas del diputado de Podemos pueden llevar piojos o algunas periodistas del Congreso se quejan de que

a algunos de los nuevos diputados les huele la sobaquera, ellos les montan en twitter, facebook y en todas las redes sociales una campañita de desprestigio de echarse a temblar para intentar

aniquilarles civilmente. En cambio si el ataque es del líder de Podemos a una periodista por su vestimenta los suyos aplauden a manos llenas y los compañeros de otros medios, sueltan la carcajada en vez repreguntar incisiva y machaconamente hasta que el político responda lo que no quiso responder a Ana. La nueva política habla de cargos, de ocupar sillones, de repartirse subvenciones parlamentarias. Cae en estereotipos machista, utiliza técnicas sexistas y cataloga a los periodistas por su vestimenta. Habla de clases que es exactamente lo mismo que ha hecho históricamente la «casta» que ellos critican. Por eso estoy confusa. No se sí la nueva y la vieja política sólo se distinguen por la vestimenta o por algo más, porque diferencias, lo que se dice diferencias, no se ven muchas.
Tal vez sea verdad que, de vez en cuando, hay que cambiar todo para, que todo siga igual. De todo lo que estamos viendo estos días quien más respeto me produce es Ana Romero, por cierto la misma periodista que, con abrigó o sin él, consiguió la primera entrevista de Corinna tras la polémica cacería del Rey, y la misma que, sin despeinarse, lleva años iluminandonos con scoop que ponen en aprietos a todos, independientemente de su ideología. A los nuevos como a

los viejos eso no les gusta y menos que se descubran sus vergüenzas.
¡Va por ti querida Ana¡

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