Antonio Casado – Titiriteros de abajo


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Con ser abominable, lo peor no es querer convertir en producto cultural un elogio a Al Qaeda y Eta, presentados como loable sindicación de dos modalidades tan distintas y tan distantes de violencia contra el poder: «Gora Alka-Eta», rezaba la pancarta exhibida al final del espectáculo. Aunque técnicamente puede encajar en la figura delictiva denominada «enaltecimiento del terrorismo», tanto o más repugnante es escenificar ante un público infantil el ahorcamiento de un juez, el apuñalamiento de un policía y la violación de una monja.
Esa venenosa pedagogía figuraba en el guión de un argumento puesto en escena por los guiñoles de la compañía «Títeres desde Abajo», contratada por el Ayuntamiento de Madrid para celebrar el Carnaval en el barrio de Tetúan. Se trataba de divertir a los niños del barrio sin olvidar la dimensión educativa. Pero aquí el lema universal de María Montessori (enseñar deleitando) ha sido el caballo de Troya de unos cuantos desaprensivos con mando en plaza.
No solo los dos titiriteros detenidos y encarcelados por el juez Ismael Moreno, de la Audiencia Nacional, sino quienes los contrataron y los responsables políticos de éstos, en el orden jerarquizado hasta la alcaldesa, Manuela Carmena. Al menos, ya digo, en el terreno de la responsabilidad política. Ahí se aloja la desidia de los decentes que acaba transformándose en el blindaje de los indecentes. Ilustra la corrupción del Ayuntamiento de Valencia cuando estaba gobernado por el PP y sirve también para el caso de los dos titiriteros anarquistas que estaban actuando en el área de la Concejalía de Cultura, al frente de la que está la joven Celia Mayer.
La concejala desvía la culpa hacia los programadores pero, a juzgar por los antecedentes (el quita y pon de la placa de los carmelitas fusilados en la guerra civil y la extravagante cabalgata de unos Reyes Magos pasados por el Materialismo Histórico), no andan desencaminados los portavoces de la oposición municipal cuando la acusan de usar la cultura como «un instrumento ideológico» (Begoña Villacís, de Ciudadanos).
Lo ocurrido no puede valorarse como un hecho aislado. Entra en la lógica del reciente asalto al poder municipal de grupos que se mueven en las lindes del sistema con tendencia a reventarlo. Y ahí encaja tanto el dudoso compromiso de Podemos con el orden constitucional como la pública declaración de solidaridad con los titiriteros detenidos, que este fin de semana difundió la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, por las redes sociales. Nos invita Colau a ponernos «en la piel de estos chicos». Escribe que, a partir de ahora, «van a tener que lidiar con la maquinaria mediática de una derecha vengativa que no soporta la disidencia y menos aún perder unas elecciones».
Si de verdad Colau dice lo que piensa -no hay razón para ponerlo en duda-, creo que se le ha aflojado algún tornillo o tiene una avería muy seria en el cerebro.

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