No te va a gustar – El ciudadano Urrusolo, de potes


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

José Luis Urrusolo Sistiaga, antiguo miembro del Comando Madrid de ETA, considerado durante un tiempo, junto con su «compañera de armas» Idoia López Riaño, «La Tigresa», uno de los más sanguinarios asesinos de la banda, acaba de abandonar la cárcel, donde, durante diecinueve años, ha purgado los dieciséis asesinatos a sangre fría y los dos secuestros realizados durante su largo período como matarife. Si mis cálculos no fallan, y olvidándonos de computar el «delito menor» (Dios mío) de los secuestros, a Urrusolo cada «ejecución» de un inocente, sin juicio y sin posibilidad de defenderse, le ha salido a razón de un año y poco más de dos meses. El precio de una vida humana, por lo visto, descontada la «redención por estudios y por trabajo». Y, supongo, descontando también el arrepentimiento mostrado por este verdugo, que reniega ahora de sus tremendos delitos pasados.
Lo siento; estoy a favor de la reinserción y creo que tal vez este sea un precio a pagar para instaurar una paz definitiva en el País Vasco, donde, durante cuatro décadas, ETA fue una pesadilla inimaginable y ya no lo es. Pero me cuesta pensar que matar salga tan barato: 1″2 años por víctima. Y más aún me cuesta aceptar que el arrepentimiento sirva para borrar de las conciencias de los familiares y amigos de los asesinados el horror de la sangre vertida. Ni veinte de los quinientos años a los que fue sentenciado ha cumplido el supongo que ya ex etarra: ya digo, un precio de saldo para pagar por todo lo que hizo. A estas horas quizá ya esté tomando unos potes con los amigos, si es que alguno le queda.
Sí, ya sé que, además, la fotografía de Urrusolo abandonando en su automóvil la prisión alavesa de Zaballa casi coincide en el tiempo con la salida, en las próximas horas, de Arnaldo Otegi de la penitenciaría de Logroño; va a ser una semana en la que la sesión de investidura en Madrid se superpondrá, casualidad, con los homenajes varios que recibirá el ¿también ex etarra? en su pueblo natal y en otras localidades vascas, antes de culminar los entusiasmos en un mitin en el velódromo de Anoeta, en el que se supone que lanzará su candidatura a la lehendakaritka por Bildu. Sí, ya sabemos que Otegi, a quien un cúmulo de errores y de excesos judiciales (y políticos) ha convertido casi en un «Nelson Mandela a la vasca», acabará sorteando las inhabilitaciones legales y podrá presentarse a las elecciones autonómicas vascas de octubre, que, a este paso, y si el PNV, los socialistas, el PP y hasta Podemos no lo remedian, amenazan con ser casi una segunda edición de las plebiscitarias catalanas. Independentzia bai-independentzia es. Madre mía.
Aunque ahora, claro está, absortos todos como estamos en el melancólico proceso de investiduras imposibles, obcecados en mirar la corteza del árbol que nos impide ver el árbol y, menos aún, el bosque, nadie esté (todavía) considerando las perspectivas del frío temporal que puede llegarnos procedente de Euskadi. Pero algún disgusto llegará, eso es seguro. Menos mal que a Urrusolo, el matarife arrepentido, nadie le quiere en sus candidaturas: no ha conseguido quitarse las manchas de sangre y apesta a cadáver.

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