A vueltas con España – ¿Un año perdido?


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

España sigue con un Gobierno en funciones, lo cual sería algo indiferente en un país estable pero no en un país social y económicamente convulso. Entre parados y trabajadores que ganan menos de 600 euros puede haber diez millones de españoles, una cifra que convierte España en un país muy desigual, que tiende a parecerse más a Latinoamérica que a Europa; máxime si nos referimos a países de la centralidad europea como Alemania o Francia. Este país necesita, pues, un Gobierno con urgencia, ya que hay millones de españoles que no pueden seguir un año en blanco, que a este paso es lo que podría llevar España si hay elecciones en junio y no hay, de facto, nuevo ejecutivo hasta septiembre. La precampaña y la campaña detuvieron la acción del Gobierno en otoño de 2015 y a este paso el Estado no empezará a moverse hasta el otoño de 2016. Todo un lujo para un país con tantos problemas sociales y económicos, objeto de la fuga de capitales y sujeto a las presiones de las autoridades de la Unión Europea, ya que España tiene un grave problema de deuda y de déficit público. Pero sobre todo lo que tiene este país es que no sabe muy bien a que dedicarse. El ladrillo es un modelo agotado, el turismo parece una rica naranja exprimida al máximo y la economía del conocimiento suena bien pero sigue lejos de ser una realidad en una España que se creyó rica practicando la economía especulativa.
En los debates de la frustrada investidura de Pedro Sánchez se habló de infinidad de cosas -incluidas ciertas frivolidades de Pablo Iglesias, fuera de lugar- pero muy poco de cómo reindustrializar España. Resulta asombroso escuchar a los políticos españoles hablar de crear empleo sin que digan dónde. Menuda diferencia con Barack Obama, por ejemplo, que ha creado en sus 8 años de gobierno millones de empleos de Estados Unidos, a base de cambiar la educación, desarrollar la industria 4.0, recuperar fábricas deslocalizadas, impulsar la economía del conocimiento de la que aquí solo habla Albert Rivera, y muchas otras cosas más. No hay un solo discurso de Obama en el que no hable de cosas concretas. El presidente americano, a diferencia también de los políticos españoles, le pone siempre nombres propios a lo que cuenta, a modo de ejemplo y a la vez de testimonio de que vive la política con sus conciudadanos, a veces incluso en sus casas. La nueva y la vieja política española sigue flotando, no baja a la tierra. Tal vez, en parte, porque casi todos los líderes españoles hacen política de plató, ni siquiera institucional como en los mejores tiempos de la democracia.
Ahora le toca de nuevo el turno al rey Felipe VI, que este lunes recibe a Patxi López, presidente del Congreso, a quien le falta por cierto un poco de señorío. A España esta crisis le pilla con un rey joven y preparado pero poco rodado en política, un presidente del Congreso que está a años luz de personajes como Peces Barba o Manuel Marín, un jefe de Gobierno enfangado en la corrupción, un jefe de la Oposición con más ideas que diputados, una tercera vía de corte europeo que cumple cada día mejor su papel y un cuarto líder de corte populista, cuyo egocentrismo recuerda los mejores momentos de Fidel Castro, con el handicap de que España no es Cuba ni está en el Caribe. Lejos de recuperar el espíritu de la Transición y de los pactos de la Moncloa, los actuales líderes se han empeñado en demostrar lo grandes que son montando broncas en las recientes sesiones de investidura, lo cual puede servirles para fardar en las tabernas de sus barrios pero no para conseguir un acuerdo de Gobierno en España. Dicho todo ello, tampoco son todos iguales: hay dos partidos, PSOE y Ciudadanos, que al menos intentan alcanzar una mayoría para formar Gobierno, y hay otros dos, PP y Podemos, que no construyen pero sí ponen palos en la rueda. La esperanza está ahora en que pueden cambiar de rumbo y de estrategia, salvo que prefieran convocar nuevas elecciones generales el próximo 26 de junio.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído