Francisco Muro de Iscar – Ada o el ardor (y el Ejército).


Hace unos días, a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, le dio un ardor y se comportó de forma grosera y antidemocrática con dos militares que estaban al frente del stand de las Fuerzas Armadas en la Feria de la Educación para exponer la oferta educativa que llevan a cabo en España. Colau dijo que prefería que no estuvieran allí «por separar espacios». ¿Qué espacios? Los jóvenes dieron la espalda a Colau y se fueron a hacer cola en el stand de las Fuerzas Armadas, interesándose por la carrera militar.
En una buena parte de la izquierda sigue habiendo un tic antimilitar, un falso y viejo progresismo que sigue identificando al Ejército, lo militar en su conjunto, con la dictadura, con lo antidemocrático. No les basta que los militares españoles hayan sido y sean ejemplares en su comportamiento en estos cuarenta años y que hayan aceptado cumplir a rajatabla, con el mejor espíritu de servicio, el papel que les ha asignado la Constitución. ¿A esos los quiere Ada Colau en otros espacios para no contaminar los suyos?

Seguramente no ha habido un sector profesional que haya protestado o se haya quejado menos que el militar. Y eso, a pesar de que en muchas ocasiones no han entendido algunas decisiones políticas. Siempre las han aceptado disciplinadamente. Se han ganado el respeto de todos, no solo porque han elevado el nivel educativo y profesional de todos sus miembros -el Ejército ha sido y es una de las mejores escuelas profesionales de España- sino, sobre todo, porque han cumplido todas las misiones de paz que les han asignado en el exterior con sobresaliente. Muchos militares han acudido voluntariamente a los lugares en conflicto y han dejado allí a un importante número de sus compañeros, que han dado la vida por la paz. O han actuado en catástrofes nacionales. A esos, seguramente, también los quiere Ada Colau en otros espacios.

A esa izquierda antigua y antimilitarista no le importa que los militares españoles tengan un enorme prestigio entre los militares de otros países con democracias de toda la vida y que sean elegidos para ocupar altos cargos en fuerzas internacionales por sus conocimientos, su capacidad y su elevada formación. Aunque como esos «espacios» están fuera, seguramente ni les preocupa ni les interesa.
Muchos jóvenes españoles están eligiendo la carrera militar o se interesan por ella porque se sienten patriotas, en el mejor y pleno sentido de la palabra, aunque saben que van a ser militares en el mundo al servicio de causas internacionales y sobre todo de la de la paz. Son jóvenes que aman su bandera, aunque dejan la política partidista a un lado, que estudian carreras universitarias, que hablan idiomas, que tienen o van a tener elevados conocimientos de informática y robótica, que valoran la solidaridad, el no dejar a nadie atrás, que aman y practican la disciplina, el compañerismo y el honor. Seguramente por eso, antidemocráticamente, algunos quieren separar espacios. En uno, ellos; en otro, los que no son como ellos. Entre aquella «Ada o el ardor» de Nabokov y la nuestra hay un abismo. Esta prefiere el sectarismo, lo peor que nos puede suceder.

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