Luis Ventoso ABC

«A veces pienso que nuestro Pedro Sánchez estudió economía en la guagua de Maduro»

"A veces pienso que nuestro Pedro Sánchez estudió economía en la guagua de Maduro"
Luis Ventoso, Director Adjunto ABC.

Luis Ventoso quien demuestra con argumentos que la tal manida insistencia de los socialistas de aplicar en España la jornada de 35 horas semanales no es más que una utopía imposible de realizar y que en modo alguno va a propiciar un crecimiento del empleo:

El mundo está lleno de fenómenos. Uno de ellos, del que hoy ya nadie se acuerda, era el adusto dirigente socialista francés Lionel Jospin. Sesudo, de cabello níveo y porte intelectualoide, entre 1997 y 2002 fue el primer ministro de Francia. Jospin, que era un crack, tuvo una iluminación: el país irá mejor si trabajamos menos. Lo cual viene a ser como proclamar que Contador lo tendrá más fácil para ganar el Tour si pedalea más despacio. Dicho y hecho. En 1999, el admirable Lionel aprobó la medida estelar de su programa electoral: la jornada laboral de 35 horas semanales. ¡Voilà! Francia pasaba a ser el país donde menos se curraba de Europa. Los derechos laborales quedaban desde luego bien blindados: su código de trabajo tiene 3.800 páginas.

Los socialistas, con su habitual buen ojo económico, explicaron que la medida iba a disparar el empleo. Su cálculo era sencillo: si los trabajadores van a estar menos horas en sus puestos, los empresarios necesitarán contratar a más gente para hacer la misma tarea. Y es que en los mundos de Yupi de la economía buenista no existe eso que se llama productividad, que permite producir más con igual o hasta con menor personal. Tampoco se cayó en la cuenta de que a la hora elegir un país donde invertir las multinacionales no iban a preferir precisamente aquel que ha optado por un corsé laboral que desincentiva la cultura del esfuerzo.

Recuerda que:

El resultado de tan astutas política socializantes fue que, mientras Londres se iba robusteciendo tras el aperturismo económico que inició Thatcher y siguieron el inteligente socialista Blair y Cameron, París se tumbaba en el diván e iniciaba una dulce decadencia, al principio casi indetectable. Al currar menos, sucedió justamente lo contrario de lo previsto por Jospin y su equipazo: la economía se encogió y aumentó el paro.

Como el agua empieza a entrar en la cocina, ahora otro socialista inteligente a lo Blair, Manuel Valls, ha convencido a su jefe, el gaseoso Hollande, de que hay que ir desarmando el restrictivo tinglado laboral de Jospin. Porque resulta que Francia no es una isla, está incardinada en una competencia global abierta y no puede seguir echando la carrera con un pie atado. La calle, por supuesto, arde en manifas (a los franceses les chiflan de siempre las barricadas). Gran parte de la población gala sigue instalada en un cliché que también arrasa en España: el Estado debe ser el garante de la economía, estimulándola, protegiendo a los trabajadores y fomentando la subcultura de la subvención; mientras que el esfuerzo personal y las empresas son actores secundarios.

Y asegura que:

Al final, de un modo u otro, Francia se verá forzada a completar una reforma laboral (algo similar a lo que llevó a cabo a comienzos de siglo el socialista alemán Schröder para flexibilizar su economía, o a lo que ha hecho Rajoy). Pero en España, ay, nuestro postulante a presidente con 90 escaños, el amiguete de Besteiro, solo tiene una medida económica conocida: cepillarse la reforma laboral del luciferino Mariano y volver a instaurar unas rigideces que todos sus pares socialistas europeos van desmontando. A veces pienso que nuestro Pedro estudió economía en la guagua de Maduro…

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