Andrés Aberasturi – La Europa repugnante


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Sé que llego tarde, pero pese a que la política esté cada día más enrevesada, no puedo olvidar lo ocurrido. Me escandaliza hasta la repugnancia y me repugna hasta la náusea la actuación de algunos hinchas holandeses del PSV. Según han recogido esta semana los periódicos, unos cuantos que estaban sentados en la Plaza Mayor de Madrid, tiraban monedas al suelo a unas pobres mujeres rumanas y mientras ellas se arrodillaran para recogerlas, esos desgraciados las fotografían entre risas y comentarios que les debían parecer graciosos.
Otras fuentes hablan de que delante de estas mujeres, los poderosos holandeses del Norte de Europa (algunos, claro, seguro que avergüenzan a la mayoría de sus compatriotas) quemaban billetes delante de ellas y hasta llegaron a exigirlas que bailaran o hicieran flexiones entre risotada y cantos xenófobos. Cuando las monedas se acabaron, los ciudadanos holandeses cómodamente sentados en las mesas de los bares de la Plaza Mayor, llegaron un poco más allá lanzando a las jóvenes rumanas trozos de pan.
Al menos dos personas se enfrentaron a ellos pero lo sorprendente es que cuando el revuelo fue en aumento intervino la policía que andaba de patrulla por la calle. Y esto fue lo que cuentan los periódicos sobre la actuación policial: «Se llevaron a las chicas de la zona para evitar que continuara el altercado. La plaza recuperó poco a poco la normalidad y la tranquilidad, mientras los hinchas siguieron bebiendo y riéndose»

¿Cómo que la policía retiró a las víctimas y no detuvo a los repugnantes verdugos? ¿Cómo que la plaza recuperó la normalidad si los humilladores siguieron como si nada bebiendo y riendo? Esa no puede ser la normalidad de una plaza en un país democrático; mientras quedara un solo mendrugo de pan, una sola moneda lanzada por esos desalmados, la Plaza Mayor de Madrid no podría volver a la normalidad.
Ya sé que en todas partes cuecen habas, que las cervezas de más menguan las mentes, que esta vez han sido los del PSV pero podrían haber sido de cualquier otro equipo o nacionalidad (los del Arsenal hicieron algo parecido en Barcelona). Lo sé. Pero he visto sus caras en videos y fotografías y esas imágenes, como antes dije, me repugnan hasta la náusea y esta vez han sido unas decenas de holandeses los que han tratado como a perras a unas muchachas rumanas tan solo para divertirse, para mostrar su supremacía -¿qué supremacía?- para tirar un puñado de euros y asistir a la ceremonia de la humillación de los más débiles.
No son políticos, ni personas pertenecientes a ningún clan; son europeos, ciudadanos de esta Europa fracasada que se dispone a limpiar su conciencia pagando millonadas; esta Europa en la que la extrema derecha va ganando puntos porque la «gente de bien» igual nos somos tan de bien como parecíamos; esta Europa incapaz de vertebrar algo más allá de la moneda única; esta Europa -esta España- que retira a las humilladas y deja que sigan bebiendo y cantando los humilladores.
Me gustaría mucho que el Gobierno holandés también se mojara en este tema y castigara en nombre de la moral que imagino aún debe quedar en este viejo continente a esa pandilla de energúmenos que no vinieron a ver un simple partido de fútbol sino a expandir su odio racista y su falta de valores sobre unas muchachas pobres que sólo pedían limosna.

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