Europa cede al chantaje de Erdogan


Los bombazos de Bruselas parece que nos han sacudido la modorra y, aunque lentamente, vamos tomando conciencia mientras nos desperezamos. Algunos ya han empezado a darse cuenta de que el análisis de los hechos hay que iniciarlo si no desde el origen, sí desde más atrás de lo que se está haciendo. El 11 S es el principio de una nueva “Edad” que bien podríamos llamar postcontemporánea, que se caracteriza por un estado de guerra crónica, sutil y medio silenciosa, de la que algunos aún no se han percatado. Acostumbrados a ver las películas de la Segunda Guerra Mundial, las de romanos o las de la contienda de Vietnam, con combates por tierra, mar y aire, o las de machete entre hutus y tutsis o incluso las revueltas de las primaveras islámicas, esto de Occidente no se parece en nada a aquello. Y, sin embargo, estamos en guerra, otro tipo de guerra, de precaución y de miedo, de campo de minas que no se sabe dónde ni cuándo pueden activarse. Con el temor, a mayores, de que las bombas clásicas, atómicas, de racimo e incluso bacteriológicas, penden como espada de Damocles sobre nuestras cabezas.

¿Cui prodest?, se suele preguntar en cuestiones como esta. ¿A quién beneficia este descontrol? En otros escritos publiqué mi opinión sobre los servidores del Mal, generadores de caos y sembradores de miedo, proveedores de sangre recién derramada para los dioses caníbales y hambrientos de las energías humanas en sus múltiples formas. Esos dioses sanguinarios de la guerra, que no permiten al ser humano evolucionar y construir la paz merecida. Somos su rebaño y, a la mínima, no dudan en presentarse con su título de propiedad. Hay que reconocer que no lo tienen nada difícil, pues mansamente nos prestamos a la hipnosis colectiva.

Descendiendo a lo meramente humano, vuelvo a preguntar a quién beneficia esta guerra. A los moritos que se inmolan, no. A Europa tampoco. Europa sufre en estos momentos, aparte de las bombas, una indigestión de buenismo, que ni las piedras en la barriga del lobo de Caperucita. Ocurre esto porque el parlamento europeo es un nido de corrupción, a donde van los amortizados nacionales, lo peor de cada casa, lo peor preparado y lo más resabiado, carne de cañón de los lobbistas que, por cierto, tienen sus oficinas en los alrededores. ¿Cómo si no, íbamos a dejar colar un tratado como el TTIP? Este es otro tipo de bomba. Continuando con lo anterior, Estados Unidos está sacando su buena tajada, de acuerdo a lo previsto en los planes pre 11 S, aunque algunas cosas le están saliendo torcidas. Arabia Saudí siempre compra lo que haya que comprar, con su dinero robado a las entrañas de la tierra. Pero quien se está llevando el gato al agua, de momento, es Turquía. En esta partida está siendo la ganadora. Algunas fuentes opinan que Ankara podría estar detrás de los atentados de París y Bruselas, por no haberle ayudado a resolver el problema kurdo. Lo cierto es que Europa claudicó ante las exigencias del vil y ambicioso Recep Taiyip Erdogan, y no solo le hace entrega 3.000 millones de euros, sino que elimina el requisito de visa desde Turquía. Es decir, con el dinero de los europeos, arma a los yihadistas para que entren a matarnos.

A propósito de armas, de eso pensaba hablar, recordando las palabras del Papa. Francisco culpa de la masacre a los fabricantes de armas. Está bien, pero cada eslabón tiene su parte de culpa. Muy bien que Francisco nos haga reflexionar sobre la tolerancia entre religiones. ¡Que se lo diga a los musulmanes a quienes lavó los pies, que practican una religión excluyente, y siempre dispuestos a matar al infiel! Los católicos hemos pasado por esa fase de fanatismo, cuando masacrábamos cátaros, quemábamos a Juan Huss y a Giordano Bruno, o castrábamos a Pedro Abelardo. ¡Solo por matizar sobre ciertos dogmas!

Iba a hablar de la venta de armas, un gran tema para la reflexión. ¿Es dinero limpio el ganado por la venta de bombarderos y otros juguetitos bélicos, que destruyen ciudades y matan personas? España vende armas, aparte de a varios países de la OTAN, a Siria, Irán, Túnez, China, Bolivia, Venezuela y Arabia Saudí. Es decir, ¡Isis puede estár matando con nuestras armas! Mejor no pensarlo. O sí.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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