Fermín Bocos – Curarse en salud


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Visto el resultado de las teatrales conversaciones a tres bandas entre PSOE, Ciudadanos y Podemos, vamos de cabeza a repetir la elecciones. Podemos le echa la culpa a Ciudadanos. Iglesias quiere hacer creer a la opinión pública que quien le marca el rumbo a Pedro Sánchez es Albert Rivera. Dice que C»s le ha «retirado el pasaporte al PSOE» y que lo que han firmado es un «Gobierno de Rivera presidido por Sánchez». Es una forma de incomodar a Pedro Sánchez presentándole ante la opinión pública como alguien manejable en función del conocimiento de sus ambiciones. Escribo a falta de conocer el pronunciamiento público de Sánchez, pero tengo para mí que pese al insufrible registro de condescendencia con el que Iglesias se pronuncia respecto de un partido como el socialista que tiene más de cien años de historia, Sánchez no va a dar por concluidos los contactos con el mundo de Podemos. Se diría que le atrae el vértigo o le puede la ambición. Van a proseguir los contactos entre Xavier Domenech (En Comú Podem) y Miquel Iceta (PSC)a sabiendas de que el asunto del referéndum sobre el derecho a decidir es «kriptonita» para el Partido Socialista.
Al anunciar Iglesias que va a consultar a los militantes de Podemos sí apoyarían un Gobierno Sánchez-Rivera al tiempo que también les pregunta si preferirían un pacto del PSOE solo con Podemos, se está curando en salud ante el probable fracaso de todas las conversaciones encaminadas a mandar al PP a la oposición. No hace falta tener carné de profeta para avizorar lo que van responder las «bases» de Podemos.
Si al final todo esto queda en nada y si no descartamos un intento de Mariano Rajoy para atraer a Rivera en una maniobra de la que pudiera derivarse la continuidad del PP en el poder nadie le podría acusar a Pablo Iglesias de ser el responsable de haber impedido el cambio político en España.
El otro escenario es la repetición de los comicios. Con encuestas que reflejan la pérdida de votantes entre los seguidores de Pablo Iglesias. Estos cien días han permitido ver que Podemos no es un todo; es un polinomio en el que sus elementos tienen vida y opiniones autónomas. Los valencianos tienen su propia visión de la jugada al igual que los catalanes que apoyan a Xavier Domènech. Iglesias es el líder, pero Podemos no es un partido, es un movimiento. En fin, el escenario político está agotando guión. Las luces siguen encendidas, pero a reserva de que Pedro Sánchez quiera suicidarse políticamente rompiendo el pacto con Ciudadanos para cambiar de pareja e intentar conseguir la investidura tras un acuerdo con Podemos -hipótesis no descartable al cien por cien-, vamos a la repetición de las elecciones.

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