Más que palabras – Niños olvidados


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Una camiseta con su nombre, el de su madre y varios números de

teléfono escritos a mano. Es todo lo que llevaba encima una niña

salvadoreña de dos años cuando fue aprehendida por la Patrulla

Fronteriza en Texas a finales de abril. La pequeña cruzó sin tutor o

familiar alguno el Río Grande para llegar a los Estados Unidos. Su

acompañante (se desconoce quién era, pero se cree que fue un

«coyote», como denominan a los traficantes de personas) la

abandonó en la orilla mexicana. De esta manera describía mi

colega Carolina Martín desde Nueva York el modo en que las

mafias están introduciendo a niños indefensos en EEUU, algunos

de muy corta edad, para no correr riesgos y evitar ser localizados .
Añadía en su reportaje que como esta niña, más de 27.000

menores solos fueron detenidos entre octubre de 2015 y marzo de

2016; un 78% más que en el mismo periodo que el año anterior.
Por otro lado, hace apenas unos días se levantaba la voz de

alarma porque al menos 10.000 niños refugiados, que viajaban

solos, habrían desaparecido nada más llegar a Europa, según

estimaciones de la Europol. Algunos estarían con familiares, sin

conocimiento de las autoridades, pero otros se encuentran en

manos de organizaciones de tráfico de personas, advierten. Si

atendemos a los datos, facilitados por distintas organizaciones en

2015 llegaron a Europa cerca de 26.000 menores sin

acompañamiento, casi un 27% del millón de personas que

atravesaron las fronteras huyendo de la guerra en Siria y otras

zonas de conflicto. En total cruzaron la frontera 270.000 menores.
La pista de la mitad del total de niños desaparecidos, que sí fueron

registrados al entrar a Europa, se pierde en Italia, donde al menos

5.000 menores no acompañados han escapado de la supervisión

de las autoridades y quedan a merced de una «infraestructura

criminal paneuropea», una organización criminalidad enormemente

sofisticada que ha fijado su objetivo en los refugiados. Además

1.000 menores habrían desaparecido en Suecia.
El drama de los niños perdidos, abusados, abandonados sigue

siendo uno de los muchos temas tabú que esta sociedad avanzada

y adinerada se niega a afrontar abiertamente. Los casos son tantos

y tan vergonzosos que se suelen esconder entre estadísticas y

cifras como si así desapareciera un problema. UNICEF calcula que

hasta 300.000 niños y niñas en todo el mundo participan en grupos

y fuerzas armadas con distintas funciones, como combatientes,

cocineros, porteadores, mensajeros, espías o por motivos

sexuales. China Keitetsi, una niña soldado relataba así su suplicio:

«Es mucho más difícil para una niña. Para empezar, pierdes tu

identidad como mujer: tienes que llevar un uniforme militar, botas,

debes llevar pelo corto… no se te permite usar pintalabios ni nada

que recuerde que eres una chica. Además eres menospreciada y

humillada: imagina tener 16 años y no poder recordar cuántos

hombres han tocado tu cuerpo y han abusado de tí. Muchas niñas

de apenas 13 años se convierten en madres sin tener el cariño de

una familia ni nadie que les cuide, sin padre ni madre, sin nadie

que les diga «estoy aquí para apoyarte, yo te protejo». En el frente

las chicas se ven obligadas a cometer atrocidades sólo para

demostrar que no son unas cobardes, y eso nunca se olvida. Te

sientes sucia y sin valor, pierdes completamente tu autoestima y

crees que no mereces que nadie te quiera. Para los chicos también

es terrible, pero no puedo hablar por ellos, porque yo lo viví como

mujer.»

El drama de China es uno más, y al menos ella tuvo suerte

porque le sacaron del infierno, pero la vergüenza por lo miserable de la condición humana es la misma. La misma que sentimos, a diario, cuando leemos un nuevo caso de maltrato infantil y los más cercanos dicen que jamás sospecharon nada, la misma que nos agarrota el corazón cuando vemos las imágenes de los niños refugiados en pleno invierno pasado hambre y frío a la intemperie, y la misma que deberíamos sentir cada vez que un niño de cualquier lugar es abusado de una y mil formas. Sé que estas líneas sirven de poco, egoistamente pueden que sean solo un desahogo pero es imposible contener la rabia y el asco …

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