Más que palabras – Cinco años después


MADRID, 17 (OTR/RESS)

Se han cumplido cinco años del 15-M y lo que en principio pareció una simple concentración en la madrileña Puerta del Sol, que le dio más de un dolor de cabeza al gobierno socialista de turno, se convirtió poco después en un repulsivo que hizo despertar a una adormecida sociedad que asistía atónita, pero expectante, al efecto dominó que empezó a vislumbrarse. Con la perspectiva del tiempo es justo reconocer que el movimiento del 15-M generó un debate público sobre la representatividad de las instituciones políticas, las normas electorales, la dación en pago, la transparencia de las retribuciones de altos cargos o la corrupción y eso no ha sido un ejercicio inútil en absoluto.
Los partidos políticos tradicionales vieron como al grito de «no nos representan » se ponía en cuestión el bipartidismo y se empezó a valorar las redes sociales e Internet como una herramienta imprescindible en la comunicación política del presente y el futuro. Todo eso ha venido para quedarse y por lo tanto también es una consecuencia positiva .
En aquellos momentos era muy difícil dé vislumbrar como se podría canalizar lo que llamaban democracia participativa y quien lo haría y de hecho, cualquier intento de apropiarse del movimiento chocaba inmediatamente con el «No nos representan» como le ocurrió a algún dirigente de la izquierda que tuvo que salir, pies en polvorosa cuando intentó patrimonializar el polémico tema de los deshaucios. El movimiento tuvo una repercusión internacional indudable y para hacernos una idea sólo hay que repasar las portadas del New York Times, el Washington Post, Le Monde y prácticamente todos los periódicos del mundo que vieron en los indignados una suerte de germen que terminaría fructificando en toda Europa cosa que al final no ocurrió.
Es verdad que un lustro después el cambio no se ha terminado de producir, pero quien más y mejor ha capitalizado, aquello es sin duda Podemos que en un periodo de apenas dos años ha conseguido entrar en todas las instituciones, fagocitar a Izquierda Unida y socavar al electorado del PSOE. El asunto es que mientras siguen sosteniendo que su idea es «asaltar el cielo» tienen los pies demasiado anclados en la tierra y su afán ocupar cargos les ha debilitado de cara a esa opinión pública que el 15 M pedía una mejora de las condiciones de vida y sobre todo una limpieza de las instituciones más allá de ocuparlas, del «quítate tú para ponerme yo».
Tal vez por eso Pablo Iglesias sabe que tiene que ir con pies de plomo y aunque simbólicamente utilizó la Puerta del Sol para visualizar su alianza con Alberto Garzón, debe cuidarse muy mucho de apropiarse del fenómeno, tal como les ha echado en cara a la plataforma de afectados por la hipoteca y el colectivo indignado 15-M parara todo. Afirma Pablo Iglesias que el 15-M no era una respuesta sino una pregunta ¿por qué no me representas? Y por eso no podía convertirse sin más en un partido y tal vez por eso en opinión de Juan Carlos Monedero «Podemos no es el 15-M pero ha asumido buena parte de sus tareas». Sin embargo aún no está nada claro quién podrá canalizar políticamente lo que nació como un movimiento antipolítico o si es preciso que eso lo canalicen los partidos al uso o simplemente la sociedad civil. «El 15-M es un movimiento apartidista y asindicalista que se organiza en torno a las asambleas descentralizadas por los barrios de la ciudad desde España», decían algunos de sus líderes entonces y añadían aquello de «Nuestros sueños no caben en vuestras urnas» y no parece que ni Podemos, ni Ciudadanos los dos llamados «partidos emergentes» representan esos mandatos. Eso sí la sociedad civil más allá de las ideologías o, las siglas políticas no ha acabado de despertar o tal vez la decepción lleva simplemente a la apatía.

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