Andrés Aberasturi – El azucarillo de IU


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

El problema que ha creado la unidad por absorción de Podemos e Izquierda Unida es que ya a mucha gente de izquierdas no le queda ni siquiera Izquierda Unida. Garzón podrá decir lo que quiera y dar las explicaciones que le parezcan oportunas, pero la realidad es que IU ha desaparecido del mapa y que su líder ocupe el quinto puesto en las listas por Madrid, desde fuera al menos -imagino que mucho más desde dentro- parece no sé si un desaire o una humillación; en todo caso es la representación gráfica de quién es quién dentro de la nueva coalición.
Y el problema es el contagio ideológico -o la diplomática obligación- de alguien que podía representar una izquierda abierta y sin deudas. Pero Garzón, que era la esperanza blanca, ya no tiene más remedio que contestar a Ana Pastor que le pregunta por el encarcelamiento del opositor al chavismo Leopoldo López: «Nosotros tenemos que examinar cual es el proceso y este señor estaba fomentado golpes de Estado. En cualquier país habría un proceso y yo lo que digo es que ese proceso debe ser garantista». Ahí queda eso. Y ahí quedan muchas cosas más que tampoco es el momento de recordar pero que están al alcance de todos en este «maldito» invento -para algunos, claro- que es Internet, una memoria que no se borra tan fácilmente como muchos quisieran.
Con subidas y bajadas, momentos de esplendor y errores garrafales, desde la presidencia por edad de Pasionaria de aquel Congreso primero de la democracia, el PCE ha ido dando tumbos pero manteniendo siempre una cierta dignidad, una conciencia de izquierdas que resistió incluso, gracias a muchos, al canto de sirena de la «casa común» que ofrecía el PSOE. Todo se fue desmoronando: hubo purgas, deserciones, cambios de nombre, intentos de recuperación y caídas en picado. Y hubo también la famosa pinza de Anguita que votaba no lo que votaba el PP contra el PSOE sino lo que el programa, programa, programa de IU decía; si coincidía con el PP -naturalmente desde el otro extremos- Anguita no se rasgaba las vestiduras y seguía fiel a sus ideas.
Por eso me extraña que el viejo líder cordobés no solo anime sino que bendiga esta unión con Podemos que -insisto- no es una acuerdo o un pacto sino la absorción de un grupo histórico por un partido recién llegado que afirma que todos eso de la izquierda y la derecha está ya superado. Como discurso retórico, puede valer; como realidad, no. Y lo sabemos todos y quien lea el ilusionante programa de Podemos, sabe que es así y no pasaría nada si muchas cosas de los podemitas no las hubiera superado ya el viejísimo eurocomunismo del que nadie habla porque no «vende».
Da pena entonar el réquiem por Izquierda Unida pero me temo que no hay otra posibilidad. Da pena que Garzón pase a la pequeña o gran Historia como el hombre que entregó -seguramente lleno de buena voluntad- el viejo PCE y sus pequeños cambios a un grupo de ilustrados profesores de política. Da pena asistir al final de una época porque tal vez merece la pena mantener la dignidad de una ideología incluso desde el grupo mixto a diluirse como un azucarillo desde el quinto puesto.

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