Pedro Calvo Hernando – Después de San Siro


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

El encuentro de San Siro protagoniza el fin de semana y días sucesivos, sobre todo por el cansancio de los españoles en materia de política, iba a decir de política ficción. El clima en el que todo se ha desarrollado bordea la ejemplaridad, justo al revés que el clima que rodea la actividad general de los partidos y sus dirigentes de todos los colores en estos meses de espera e incertidumbre. Fui madridista desde bien pequeño por influjo de uno de mis hermanos mayores, el único futbolero. En los últimos tiempos me he prendado del Atleti, no solo por el Cholo, también por el esfuerzo de los jugadores y por el magnífico espíritu de la globalidad del club, con lo que no quiero pasar por traidorzuelo sino por esforzado reconocedor de la realidad y de la verdad, que no matan la pasión sino que la enriquecen y le dotan de un mínimo de racionalidad que nos viene muy bien a los aficionados, a los españoles en general, a los políticos, a todo el mundo. La generosidad y el respeto han sido y son protagonistas de la vida futbolística de estos días y por eso hablo de ejemplaridad. Que la ha habido incluso en los actos de reconocimiento en las sedes del Ayuntamiento y de la Comunidad de Madrid, con la alcaldesa Carmena y la presidenta Cifuentes.
Con todo ello, no ignoro carencias ni malos hábitos, como no podía ser menos. Me alegro mucho de la victoria del Madrid, como me hubiera alegrado si hubiese sido ganador el Atleti. Pero me alegraría todavía más si la victoria madridista no hubiera sido tan precaria. Me refiero a eso de ganar por unos centímetros de desvío en uno solo de los penaltis lanzados. Pienso si lo justo no sería resolver los empates con más prórrogas o con un partido de desempate o algo parecido. Pero confieso que no soy un sabio del fútbol y que doctores tiene la UEFA o la FIFA. Pero no pasa nada si de vez en cuando los críticos de la vida pública incluimos en nuestras observaciones la vida del fútbol y de los deportes en general. Sería o es un modo de abrir o totalizar el mundo de la realidad, al tiempo de enriquecerlo, no por supuesto por lo que yo escriba, Dios me libre, sino por el esfuerzo común por entrar con ganas y con fuerza en todos los terrenos de esa realidad que vengo invocando. Positivo sería también por lo que supone de acercamiento entre esos dos mundos, el político y el deportivo, porque en uno y otro hay valores transmisibles al otro para conseguir con todo ello una saludable interacción entre esos dos campo que se reparten el interés y la pasión de las gentes.

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