Victoria Lafora – Ellos contentos, los demás agobiados


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Los cuatro candidatos, y sobre todo los portavoces de sus respectivas formaciones están encantados con el debate. Todos han ganado. Todos han conseguido colocar justo el mensaje que querían. Por eso extraña tanto que no haya más, que la excepción democrática sea un solo cara a cara lleno de condiciones impuestas por los partidos, muy encorsetado y con los tiempos tasados.
Parece como si el calor enfervorizado de sus militantes, que les reciben en los mítines al grito de «¡presidente, presidente!», les reforzara el ánimo para seguir con la campaña electoral. Ahí está el error: no necesitan aplausos necesitan votos y a los suyos ya los tienen ganados.
Tampoco hay que creerse a pies juntillas las encuestas manejadas desde las redes sociales sobre el ganador del debate. Al margen de que los lectores, o espectadores, u oyentes de cada medio eligen ese en función de sus afinidades ideológicas, no hay que olvidar que Unidos Podemos cuenta con el mejor y más amplio equipo de manejo de las redes. A la zaga va el Partido Popular, que se han percatado de que internet es clave para atraer al voto joven y urbano y han montado una infraestructura que bombardea las redes con mensajes de valoración de Mariano Rajoy.
Pero lo esencial, lo que de verdad preocupa ahora mismo a la ciudadanía; lo que va a llevar a los electores a las urnas, es saber si se alcanzará un acuerdo que permita no volver por tercera vez a las urnas en menos de un año.
Y esa incógnita, precisamente esa, es la que no ha resuelto el debate ni se va a saber probablemente en campaña. Y aquí la sociedad sí que está polarizada. Se podría decir que se divide en dos. Los que temen que el PSOE apoye a Podemos y los que temen que el PSOE se abstenga y deje gobernar al PP.
En el Partido Popular creen, a tenor de las encuestas que realizan cada día, que van a superar el 30% de los votos y van a la caza y captura de los escaños que quedan huérfanos cuando las votaciones en determinadas provincias están igualadas. Cuentan que con ese resultado al PSOE no le va a quedar más camino que la abstención y ya tienen preparado una batería de medidas sociales para compensarles por su sacrificio. Pero si la exigencia es la salida de Rajoy, entonces no hay trato. Su líder solo dará un paso atrás, si quiere, en el próximo congreso del PP previsto para el otoño. Juran y perjuran que nadie de fuera les cambia a ellos su candidato.
En Unidos-Podemos crecen los cantos de sirena hacia Pedro Sánchez dejando muy claro, eso sí, que si les superan aunque solo sea por un voto el candidato será Pablo Iglesias. La dificultad en este caso viene fijada por las muchas propuestas de consultas de autodeterminación que Iglesias ha regalado a sus «mareas» y que son incompatibles con el sentido de Estado de los socialistas.
Es verdad que en política la frase de «donde dije digo…» es una de las más utilizadas pero visto lo visto desde diciembre hasta aquí se comprende que los españoles, además de cansados, estén agobiados.

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