No te va a gustar – Calendario loco en país de locos


O sea, que estamos como en diciembre. Lo mismo. Vetos, negativas, programas a consensuar que son tan de mínimos que resultan casi ridículos a la vista de las necesidades del país. No hay signos de desbloqueo, mientras Rajoy va entrevistándose con todos y Sánchez, con los suyos. «No y qué parte de «no» no ha entendido el otro.
Así que en algunos estados mayores de los partidos, en algunas instituciones –comenzando por La Zarzuela–, en los consejos editoriales de no pocos medios de comunicación, en los conciliábulos de gentes vinculadas al Ibex… Y en Bruselas, Berlín y en Washington, donde aún habita el Obama que va a visitarnos este fin de semana, empiezan a barajarse calendarios pesimistas y que son de locos.
Puede que tengamos Gobierno en funciones durante un año –ya llevamos algo más de medio…–. O que se repitan las elecciones por tercera vez, quién sabe si allá por el 20 de noviembre, para más Inri. O que el Rey tenga que pedir a la sociedad civil que elija un independiente de consenso para presidir el Gobierno, o… País chiflado, en efecto. Le cuento a Vd., que tiene la paciencia de leerme, todo, o casi todo, lo que está barajándose en los disparados, galopantes, cenáculos y mentideros de la Villa et Corte:

Mariano Rajoy, que hace de la impasibilidad un arte que es ya más japonés que británico, sigue sugiriendo, lo mismo que, oficialmente, sus ministros, que podría haber Gobierno ya a finales de julio. O a comienzos de agosto, que julio parece un mes perdido para otra cosa que no sea la discusión más o menos estéril.
En el supuesto de que Rajoy lograse vencer vetos personales y ofrecer un programa lo suficientemente atractivo a otras fuerzas políticas –no lo está haciendo– para que puedan apoyar su investidura, la primera votación no tendría lugar, presumiblemente, hasta comienzos o incluso mediados de agosto. Adiós a las vacaciones, aunque esto, lógicamente, sería lo de menos.
Lo importante sería que el presidente en funciones aglutinase una mayoría suficiente como formar ese Gobierno que hace una semana le parecía a Rajoy que tan a mano estaba. Pero… no lo está. Y viajeros a La Moncloa, como el secretario general de Coalición Canaria, único apoyo más o menos seguro con que ahora cuenta Rajoy, van sugiriendo que, a este paso, nos metemos de hoz y coz en las tan temidas terceras elecciones, tras unos meses de interminable no-negociación. Unos meses que, cuentan, se contemplan como una pesadilla en La Zarzuela, cuyo principal inquilino teme un desgaste de la Corona merced a la impericia de los políticos para gestionar las cosas.
Así, un escenario posible sería que Rajoy no lograse formar un Gobierno estable en agosto, siendo derrotado en las dos primeras sesiones de investidura. Ello nos situaría en un plazo máximo de dos meses a partir de esa sesión de investidura antes de que el Rey, en octubre, tuviese que convocar nuevas elecciones. Es un plazo que baraja, por ejemplo, la parlamentaria de Coalición Canaria y excelente politóloga Ana Oramas.
Pero podría ocurrir que, en octubre, tras las elecciones vascas –aún no fijadas para una fecha concreta, pero que tendrán lugar un domingo de octubre, junto con las autonómicas gallegas–, el Partido Nacionalista Vasco, que este miércoles inició conversaciones (difíciles) con Rajoy, accediese a facilitar la investidura del líder del PP a cambio de condiciones más o menos onerosas.
Si, entretanto, Rajoy ha logrado granjearse el apoyo de Ciudadanos, cuyo veto a la persona del presidente deberá ir progresivamente relajándose, a cambio, naturalmente, también de contrapartidas, tendría, entonces, la investidura garantizada. Le faltaría un solo voto para lograr, con C»s, Coalición Canaria y PNV, la mayoría absoluta. Lo malo no es este voto, del que ahora hablaremos, sino que Rivera no parece dispuesto a pacto de Gobierno alguno con «los nacionalistas», es decir, los canarios de CC y el PNV.
Otro veto que tendrá que caer para que este país pueda ser gobernable… Y muchos le están recordando a Rivera estos días que el PP ha sacado noventa y nueve escaños más que Ciudadanos, por lo que el nivel de exigencia de estos últimos es bastante limitado.
Claro que la distancia en escaños entre los «populares» y los socialistas también es grande, cincuenta y dos escaños. Con lo que cualquier pretensión que no pase por dejar al PSOE en la oposición resulta cuando menos absurda: y eso que todavía se escuchan disparatados cantos de sirena en los que desde Podemos se insinúa que aún sería posible el viejo intento de gobernar con los socialistas, con los nacionalistas, con dejando al PP en la oposición.
Todo depende de lo que decidan Sánchez y las varias, dispares, voces del comité federal. Y llegamos así a los terrenos del PSOE, cuyo (¿primer? Puede haber otro inmediatamente, según se sugiere ahora) comité federal insistirá este sábado en el «no, nunca, jamás» a un pacto con Rajoy, que ya parece haber desistido de su pretensión de formar un Gobierno de gran coalición.
Pero, para no ser culpado de impedir la gobernabilidad del Estado, el Partido Socialista, que estos días ha dado muestra de una seria inestabilidad interna y de una patente falta de liderazgo, debería abstenerse en una sesión de investidura de Rajoy, haciendo posible así que quien ha ganado las elecciones gobierne, lo mismo que hizo ya Felipe González en 1996 con su enemigo Aznar.
Y aquí llega otro disparate más: se escuchan voces en el PSOE (y en otras formaciones) que insinúan que algunos diputados socialistas podrían ausentarse en día de la votación «in extremis» (allá por octubre, ya digo) de una investidura de Rajoy, permitiéndole así, mediante esta añagaza, tener la mayoría que le posibilite para formar Gobierno.
Con todo descaro se habla de que los «ausentes» del grupo socialista podrían ponerse súbitamente enfermos, ir al baño o simplemente irse a tomar un café. Así, no sería este grupo el que se abstuviese en su totalidad, sino apenas un puñado de escaños, los necesarios para completar la mayoría de Rajoy en ese momento en la Cámara. Ni siquiera me molestaré en criticar más, por inmoral y cobarde, el dislate.
Si todo lo anterior, que por supuesto está prendido con alfileres, saliese mal, que puede ocurrir, nos veríamos abocados a unas nuevas elecciones en noviembre. O a una solución tajante, desde luego casi tan indeseable como los nuevos comicios, que sería la intervención del Rey, proponiendo, a sugerencia de diversos estamentos de la sociedad civil, al famoso «independiente» para encabezar un Gobierno temporal de Salvación nacional, que procure las reformas constitucionales y legales para que nada de esto, en este país de locos, insisto, pueda volver a ocurrir.
Ese es el panorama que se divisa ahora mismo desde el puente de la incertidumbre más absoluta. Y ya solamente quedan tres semanas de julio para que podamos, o más probablemente no, abordar el mes vacacional por esencia con una cierta tranquilidad política, en estos tiempos en los que la UE nos necesita más que nunca y en los que los pactos, empezando por el de La Moncloa y continuando con el de Toledo sobre las pensiones, se hacen cada vez más urgentes y necesarios.

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