No te va a gustar – Tres eran tres


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Se enfadan algunos comentaristas al ver que Obama dedicó, durante su estancia en España, mucho más tiempo a departir con «sus» militares en Rota que a despachar asuntos con el Rey, con Rajoy y con los representantes de los tres principales partidos de la oposición en funciones. «España, aliado de segunda categoría», titulaba este lunes algún medio, con el presidente (casi en funciones) norteamericano ya en Washington. Analizando las cosas desde esta perspectiva, yo diría que este acortamiento de la visita a España del hombre más poderoso del mundo, aunque sea ya un «pato cojo», evidencia la pérdida progresiva de peso específico de nuestro país en el ámbito internacional, y eso es algo de lo que, desde luego, no se puede culpar ni a este Gobierno, ni al anterior, ni a esta peculiar situación política que vivimos ni a la que nos legó el «zapaterato». Y, si algo hiriente fue el escaso tiempo general que Obama, en plan «bienvenido míster Marshall», dedicó a los asuntos españoles, no digamos ya lo ocurrido con los tres «presidenciables» -o así- que se mantienen en la oposición, es decir, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo iglesias.
Los bastante ridículos «posts» que los tres subieron a las redes sociales tras sus respectivas «mini-minicumbres» con el presidente americano dejan en evidencia que siguen sin comprender el papel al que el destino -o sea, los votos- les ha reducido. Especialmente desenfocado parece el mensaje en Twitter del secretario general socialista, que se mostraba «encantado de haber podido hablar con @POTUS (es decir, con Obama) de la situación política y de la necesaria cooperación entre España y Estados Unidos». Y tan intenso temario, además de la afición común por el balonceso, hubo de despacharlo ¡en tres minutos! que fueron los que le concedió el mandatario norteamericano, los mismos que a sus dos compañeros de espera en la base de Torrejón de Ardoz. Tres para Rivera, que, más realista, consideró «un placer poder saludar e intercambiar unas palabras con el presidente de los Estados Unidos», y tres para Iglesias, que llevó a Obama un libro sobre la Brigada Lincoln y sin duda hubo de aparcar para mejor ocasión su proyectado discurso acerca de la inutilidad de la OTAN.
No es que Rajoy tuviese mucho más tiempo para hablar del futuro de las relaciones hispano-norteamericanas, claro; no solo por la brevedad de su encuentro -aunque mucho más demorado que con los otros tres, y acompañado de quien sin duda pretende que sea su próximo ministro de Exteriores–, sino también porque tanto Rajoy como Obama están limitados, por su situación política en funciones, para tomar casi cualquier decisión. Pero los tres minutos a los tres aspirantes a mí me parecieron casi un recordatorio/advertencia, aderezado, además, por los elogios que el inquilino de la Casa Blanca dirigió a la política económica del inquilino de La Moncloa. Sí, Washington, y no solamente Washington, está pidiendo a gritos estabilidad política en su aliado español y que quienes tienen en sus manos poder arreglar la cosa se dejen de proclamas tipo «quien tiene la razón soy yo, y los demás están equivocados», de recordatorios como «ellos son más corruptos que nosotros», de «ytumasismos» y de interpretar a su gusto y manera el sentido del voto de los españoles. No, no parecen haberlo entendido hasta ahora, ni tampoco el sutil, y en cierta medida humillante, mensaje de los tres minutos lanzado por el amo del Imperio.

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