Antonio Casado – Ochenta años después


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Sólo ochenta años han pasado desde aquel «17 a las 17», cuando la guarnición militar de Melilla proclamó el estado de guerra. Los máximos representantes del legítimo poder civil (alto comisario Alvarez Buylla) y del poder militar (generales Gómez Morato y Romerales) fueron detenidos e inmediatamente fusilados.
Fueron los primeros pasos de un golpe de Estado dirigido por el general Emilio Mola («el director»), cuyo fracaso desencadenó la guerra civil española y anticipó el no menos sangriento choque de trenes (Democracia versus Fascismo) en el corazón de Europa: la llamada segunda guerra mundial.
Las secuelas tienen vida propia en nuestra memoria colectiva y respiran a través de la literatura, las hemerotecas, la política, el cine o, simplemente, las conversaciones entre hijos, nietos y bisnietos de los españolitos con el corazón congelado por una de las dos Españas machadianas.
También la historiografía, que no está ni mucho menos cerrada, opera como un excelente respiradero para la memoria común de aquella barbarie: dentro de unos días se cierra la aceptación de comunicaciones enviadas al congreso internacional que, con motivo de este ochenta aniversario, se va a celebrar en Tarragona entre los días 8 y 12 de noviembre, organizado por el Centro de Estados sobre Conflictos Sociales (Universidad «Rovira i Virgili»).
De obligado cumplimiento debería ser la lectura de un libro de reciente aparición que nos acerca a la cotidianeidad durante los tres años trágicos y los primeros de la dictadura franquista (años cuarenta y cincuenta, básicamente), que fueron una continuación de la guerra por otros medios. Hablo de «Volver a las trincheras», del arqueólogo Alfredo González Rubial, adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CESIC), donde se cuenta «una historia de la guerra que nos llevará desde las trincheras de la Ciudad Universitaria en noviembre de 1936 hasta el penal de Bustarviajo, cerrado en 1952».
El libro es un relato de las pequeñas cosas que nos hacen entender las grandes. Responde a las preguntas de cómo vivía la gente, cómo moría y cómo mataba. Y las respuestas son el resultado de las excavaciones llevadas a cabo por el autor y su equipo en distintos puntos de España desde el año 2006, al amparo de la letra y el espíritu de la Ley de Memoria Histórica, fletada por el Gobierno de Rodríguez Zapatero.
Siempre a partir de una materia prima inédita: latas, casquillos, trincheras, ruinas, tumbas, fosas comunes, etc. De ahí el subtítulo del libro: «Una arqueología de la guerra civil española». A saber: cepillos de dientes, callicidas, prendedores de pelo, botellas de anís (Chinchón en la zona republicana, Castellana en la zona «nacional»), latas del matadero de Mérida, leche condensada «El Niño», tinteros, cartas, frasquitos de colonia «Myrurgia», etc. Una variopinta colección de objetos rescatados sobre los que construir un relato diferente a los conocidos.

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