Victoria Lafora – Más de lo mismo


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

La primera jornada de encuentros del Rey con los líderes políticos ha demostrado que el acuerdo que permitiría a Rajoy seguir en Moncloa ni está ni se le espera. Menos Alberto Garzón, diputado de IU, que sigue soñando con la alternativa de izquierdas que sus socios de Podemos rechazaron hace unos meses, el resto se han quejado al jefe del Estado de la pasividad del PP que les envió un resumen de su programa electoral y no ha vuelto a mover ficha.
Incluso Ana Oramas, de Coalición Canaria, firme partidaria de salir del atasco, se quejó de que nadie de los populares le haya llamado todas estas semanas para hacer una oferta que le permitiera votar si o abstenerse.
Mariano Rajoy, tan convencido como estaba de que la investidura se iba a producir la primera semana de agosto, solo con el argumento de que «o me apoyan o vamos a otras elecciones en las que ganó por mayoría absoluta», deja ahora en manos de sus portavoces el explicar que sin apoyos suficientes espera que el Rey no le proponga formar gobierno.
Cuatro años de mayoría absoluta dejan huella en la forma de hacer política y, posiblemente, invalidan al que lo gestionó para una aventura en solitario. El argumento de que «hemos ganado las elecciones, hemos obtenido catorce escaños más, y sacamos cincuenta y dos a nuestro principal competidor», no es suficiente, mal que le pese al PP. Precisamente por la arrogancia con la que administró la mayoría, la soberbia de no aceptar ni una enmienda en las leyes que aprobaron con toda la cámara en contra, nadie quiere darles su apoyo y menos gratis.
Porque ahí está la clave: que no saben o no quieren negociar, Porque eso es algo que no consiste en mandar un borrador y esperar sentado. Primero hay que seleccionar los socios, luego crear mesas de negociación y después, cuando los puntos de acuerdo estén cerrados, se reúnen los líderes para salir en la foto. A la oposición hay que darle argumentos que le permitan vender el trago de apoyar a un partido que, además, está carcomido por la corrupción, que se enfrenta a un calvario de procesos judiciales y que sigue manteniendo a Rita Barberá refugiada en el Senado.
No se puede exigir permanentemente sentido de Estado a los demás y no hacer una oferta en regla de derogación o modificación de las leyes que se aprobaron solo con los votos de tu formación. No se puede menospreciar y ningunear a Ciudadanos desde el 26 de junio y pretender ahora que voten si «porque yo lo valgo».
Cuando Pedro Sánchez intentó la investidura en marzo, esa que tumbaron el PP y Podemos (por cierto ¿Dónde está Podemos?), tanto Ciudadanos como el PSOE habían elaborado un programa común cediendo las dos partes. Así, de una forma tan sencilla, se llega a un acuerdo.
Si este mes de agosto Rajoy y el PP no se ponen manos a la obra para elaborar una propuesta solvente que ofrecer a la oposición y si no dejan de dormitar, no habrá Gobierno.

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