No te va a gustar – ¿Por qué no consultar a la militancia, o algo?


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Increíble, pero cierto. Pedro Sánchez y Mariano Rajoy lograron mantener una reunión de casi una hora sin que el uno averiguase si el otro piensa someterse a una sesión de investidura y sin que el otro pudiese saber si el uno planea, si la investidura «de las derechas» no sale, presentar un Gobierno alternativo «de las izquierdas». Tampoco, claro, pudieron averiguarlo los periodistas -y no fue precisamente por falta de insistencia_ que asistían, en la segunda jornada agosteña, a las respectivas ruedas de prensa del aún líder de la oposición y del todavía presidente del Gobierno en funciones tras su (des)encuentro. Como tampoco averiguamos, porque las versiones de uno y otro acerca de su entrevista no fueron idénticas, si habrá nuevas sesiones negociadoras, lo que no parece que vaya a darse en cualquier caso. Sí constatamos los informadores que las posiciones de los socialistas no se han movido un ápice y que Sánchez, apelando constantemente a «las derechas» y «las izquierdas», sigue en el «no», planteando este pulso como una confrontación casi ideológica entre dos concepciones de España.
¿Ven, con este panorama, más cerca esas terceras elecciones que hace tres semanas todos calificaban como imposibles? «No quiero verlas más cerca», respondió Rajoy, aunque advirtió varias veces que, si los socialistas no desbloquean la situación, la otra alternativa, «salvo que el señor Sánchez tenga en mente otras cosas que yo no conozco», serán esas elecciones repetidas, para las que ya hay hasta fechas barajadas, allá por diciembre. Todo en función, claro, de cuándo se celebrase la sesión de investidura, que es la que hace que empiece a contar el reloj institucional. Pero, por supuesto, y merced a las incertidumbres contenidas en la Constitución, tampoco sabemos, por lo escuchado a la presidenta de la Cámara Baja, Ana Pastor, cuándo sería el «plazo razonable» (la señora Pastor dixit) para ir, por las buenas o por las malas, a esa sesión de investidura, aunque fuese para perderla.
Lo cierto es que los informadores salimos con un profundo pesimismo del encuentro. Como los propios protagonistas. Rajoy ofreció, por lo visto, a Sánchez la creación de cuatro grupos de trabajo para emprender las reformas que España necesita: «estoy dispuesto a negociar lo que haga falta», dijo el presidente en funciones, que se mostró receptivo a recibir «sugerencias» del secretario general socialista. Pero Sánchez se mantuvo firme en su «no» a cualquier pacto, y en que ha de ser Rajoy quien llegue a acuerdos «con los afines de la derecha» (se supone que Ciudadanos, los nacionalistas catalanes -que acaban de firmar la «desconexión» con España en el Parlament catalán_ y los nacionalistas vascos, que se enfrentan a su propia campaña electoral y ya han dicho «no» a ayudar a que Rajoy siga gobernando). O sea, Sánchez trata de llevar a Rajoy a una investidura en la que sea derrotado… ¿Para intentarlo él a su vez con Podemos y esas mismas fuerzas nacionalistas, incluso aunque sean «de derechas»? Ni lo confirmó ni lo desmintió, como Rajoy tampoco dijo «sí» o «no» a la tesis según la cual, tras aceptar la sugerencia del Rey de ir a la investidura, tiene que someterse, para bien o para mal, a este trámite según lo previsto en el artículo 99.2 de la Constitución. Hacer otra cosa, dicen incluso algunos de sus próximos, sería su suicidio político.
Aunque hablando de suicidios políticos… Una periodista preguntó a Sánchez si, a la vista de la gravedad y la polémica que esta cuestión suscita en el seno de la familia socialista, no consideraría el secretario general prioritario consultar a la militancia, como ya hizo previamente, a finales de febrero, a la firma del acuerdo entre PSOE y Ciudadanos. La respuesta a la pregunta de la colega fue una evasiva: ya veremos qué ocurre cuando sepamos si Rajoy se somete, y cuándo, a la investidura. No parece dispuesto Sánchez a ensayar tampoco esta salida de la consulta a los militantes de su partido. Como tampoco parece Rajoy dispuesto a ceder hasta el punto de aceptar ser sustituido a la cabeza del Partido Popular y de la candidatura a la Presidencia.
Uno no ha querido nunca ser mal pensado acerca de las intenciones de los políticos; pero, a la vista de lo que estamos viviendo, parece claro que ambos, incapaces de entenderse y de ceder sus propios sillones, nos conducen a esas terceras elecciones que nos parecían, y yo aun quisiera que me pareciesen, increíbles. Y puede que a al menos uno de ellos esas terceras elecciones, que todos dicen no desear -y yo, en principio, les creo_ le hiciesen mejorar sus actuales resultados, en detrimento del otro.
¿Cómo diablos va a explicar todo esto Rajoy al Rey cuando este miércoles se encuentren ambos, en un despacho extraordinario, en Madrid, después de que el presidente en funciones se haya entrevistado con Albert Rivera, otra «cumbre» que a estas alturas no suscita, ojala no sea así, sino pesimismo? Luego dicen que el jefe del Estado aparece preocupado en sus encuentros mallorquines. Pues claro…

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