Charo Zarzalejos – No es Rajoy, es España


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Patxi López ha denunciado que el PSOE recibe presiones del Ibex, de los medios, en fin que entre unos y otros parece que al PSOE no se le deja vivir y que ante tanta presión lo que toca hacer es mantener las posiciones ya conocidas: que Rajoy pacte «con las derechas», que busque «potenciales aliados», «que trabaje y abandone la tumbona», etc… porque a ellos lo que les toca es encabezar la Oposición, después, eso sí, de considerar unas nuevas elecciones como un escenario no deseado. El resumen es que el PSOE quiere todo a la vez sin mover una ceja y eso en política es poco menos que imposible. Siempre hay que elegir, siempre _incluso cuando se acierta_ hay que dejar algo y es casi imposible no tener que convivir con un punto de contradicción.
Las reticencias del PSOE son más que comprensibles. Lo que resulta más difícil de entender por parte de los ciudadanos es precisamente ese querer todo a la vez, ese afán de ponerse de perfil como si la historia no fuera con ellos. Y la historia va con todos, porque aquí no se trata de Rajoy, sí, o Rajoy, no. No se trata de eso. Se trata de poner en marcha incluso por tiempo tasado, porque todo es negociable, un Gobierno que dé vía libre al techo de gasto, al presupuesto y a los perentorios compromisos con Europa. Acordar tiempos y asuntos concretos, ¿desvirtúa el perfil de izquierda del PSOE? ¿Se resentirían mucho sus expectativas electorales? ¿Temblaría el comité federal? ¿Laminarían de inmediato a Pedro Sánchez? ¿Se produciría desbandada masiva de afiliados?

No tengo respuesta segura a tanta pregunta, pero no creo que el PSOE se derrumbara por acordar con Rajoy tres o cuatro asuntos, fundamentalmente económicos, y una vez resueltos, volver al principio. Lo que sí creo, sinceramente y sin afán alguno de lanzar «presiones», es que de seguir así por mucho tiempo, el PSOE, además de quedarse sin «sitio» se puede convertir a ojos de muchos, muchísimos ciudadanos, más en un problema que en una solución, pero no tanto por no avenirse a negociar con Rajoy un tiempo tasado para asuntos concretos, sino porque su discurso es un auténtico acertijo impropio de un Partido que, por lógica, es el único llamado a ser de verdad alternativa al PP. Y es que hay que insistir en que aquí, en el momento presente, en las circunstancias actuales no se trata de «salvar» a Rajoy, sino de dar salida a asuntos concretos que tienen fecha fija de vencimiento.
Si de lo que se trata es de que Rajoy muerda el polvo, los socialistas deberían saber ya que Rajoy es capaz de comer kilos y kilos de polvo y aunque él también tiene sus límites, estos son mucho más flexibles y amplios de lo que cabe imaginar. Pero, en fin, habrá que suponer que Sánchez y su equipo próximo tienen estudiados y calculados todos los escenarios e imaginadas todas las hipótesis y que algún dato manejarán para estar tan seguros como parece de que su estrategia es la acertada.
Está claro que Rajoy y Rivera han puesto en escena una vía de comunicación que consiste en vía abierta entre ambos líderes ya que hasta el momento Ciudadanos no se muestra proclive a que entren en funcionamiento los equipos de negociación. Esta puesta en escena, esta decisión, por sí misma no garantiza nada. Hoy no se está más cerca que ayer de la formación de Gobierno pero el clima es un poco, muy poquito distinto. Tan poquito distinto que tiene más de efecto placebo que de avance real y efectivo y que se utiliza y se va a utilizar de manera prioritaria para evidenciar el no rotundo del PSOE. El juego, pues, es sabido. Tan sabido como cansino y todo ello pleno de irresponsabilidad. Todos sabemos que forma parte de la política una pizca de teatralidad en las posiciones, que se parte de lo máximo para llegar a lo posible, que al adversario no se le pueden poner las cosas como a Felipe II. Todo eso es sabido y aceptado, pero las cosas están llegando a un límite casi insoportable e impresentable.
Todos saben, todos sabemos que aun cuando Rajoy llegara a gobernar, cosa que está por ver, su gobierno será un potro de tortura y que además sería un gobierno de muy corta dirección. Si llegara a haber Gobierno, Rajoy sería rehén de quienes ahora le niegan el pan y la sal. Sería, para entendernos, un presidente «chollo» para la Oposición, esa Oposición que quiere liderar el PSOE. A este paso, puede ocurrir que el PSOE no lidere nada. Ni la Oposición ni su contrario porque la actitud que está manteniendo Sánchez es la propia de un partido minoritario, irrelevante, del que nada cabe esperar porque para nada es necesario. Si se sienten «presionados» es precisamente porque el PSOE es un partido importante.
El paso del tiempo, el discurso del no a todo _no elecciones, no acuerdo, no alternativa_ es un discurso que supongo resultará cansino a quienes lo protagonizan, cuyos réditos políticos no alcanzo a imaginar. Pero, ¿saben?, esto es lo que hay y gracias a estos mimbres se está tejiendo la cesta de la ingobernabilidad de España, que es de lo que se trata, y no de «salvar» a Rajoy a lo que nadie, por cierto, está obligado.

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