Fernando Jáuregui – Pues vaya preparándose para el 18 de diciembre… O para un milagro


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Pues nada: vaya usted preparándose para ir a votar el 18 de diciembre, que es probablemente el único punto en el que habrá un acuerdo político por unanimidad en los próximos meses: en forzar las normas para que, en lugar de ir -o no ir, que sería lo que muchos elegiríamos_ a las urnas el día de Navidad, hacerlo una semana antes. Porque, tras lo escuchado este lunes a Mariano Rajoy y sobre todo, a Pedro Sánchez tras su meteórico encuentro de menos de media hora, podemos dar por seguro algo de lo que no dudábamos: que la investidura de Rajoy, que este martes interviene para abrir la larga sesión parlamentaria que concluye, con la segunda votación, el viernes, va a ser un fracaso. Pero, después de asistir a la rueda de prensa del secretario general socialista, casi -casi- cabe incluso dejar de lado cualquier esperanza de que, en una posterior sesión, allá por finales de septiembre o comienzos de octubre, los socialistas acaben absteniéndose a cambio de algo y faciliten, con esta medida, que Rajoy sea investido y pueda formar Gobierno.
Y así estamos: el PSOE sigue instalado en el «no» y su secretario general no parece demasiado dispuesto a cambiar de actitud tras el más que previsible fracaso de la votación del 2 de septiembre. Los acuerdos reformistas que suscribieron el domingo PP y Ciudadanos le parecen a Sánchez conservadores, casi más de lo mismo, y ello pese a que el pacto de Rivera -con el que este martes Sánchez ha consumado, con sus palabras, la ruptura_ con el PP contempla la mayor parte de las medidas que suscribieron en marzo Ciudadanos y el propio PSOE, en su acuerdo de también fallida investidura de Sánchez.

Y, si Rajoy fracasa, como fracasará, en la votación de esta semana, ¿intentará Sánchez formar un Gobierno alternativo «de progreso» con Podemos, el PNV, los nacionalistas catalanes y Esquerra? Cuatro veces se lo preguntaron los periodistas al secretario general de los socialistas en su rueda de prensa de este lunes tras el encuentro con Rajoy. Y cuatro veces se escabulló Sánchez, a quien solamente le pudimos sacar eso de que el PSOE «quiere ser solución». ¿Eso es decir sí a intentar un Gobierno alternativo, pese a la prohibición del comité federal socialista de pactar con ciertas fuerzas como los separatistas?

No lo creo. Sánchez no se atreverá a desafiar a su «barones» de manera tan abierta. Ni, por cierto, a sus votantes en Castilla y León, Castilla-La Mancha, Andalucía… a los que gustaría bien poco un pacto con quienes quieren separarse del resto de España. Entonces, ¿cuál es la alternativa que maneja Pedro Sánchez? Yo, sinceramente, no lo sé. Como tampoco entiendo que Rajoy no haya aprovechado la ocasión de este lunes para hacer al tozudo socialista una verdadera y profunda oferta de cambios. Así, ni uno los propone, ni el otro los acepta, con lo que los avances políticos pactados primero entre PSOE y Ciudadanos, y después entre Ciudadanos y el PP, se quedan en agua de borrajas: significaban un cierto avance para el país, modesto, a mi entender, porque la regeneración ha de ir mucho más allá, pero eran, al menos, avances.

Yo todavía albergo una tímida esperanza de que algo ocurra de aquí a que, el 31 de octubre, acabe el plazo para negociar y empiece el conteo hacia las inexorables elecciones*elecciones que ya veremos si se puede evitar, retorciendo las normas, y el espíritu y la letra de las leyes, que coincidan con el entrañable día de Navidad. Yo creo que, ante esta tesitura, el PSOE corre el riesgo de romperse, y que algún «rebelde» en las filas del grupo socialista se abstenga. Es uno más de los muchos riesgos que corre Pedro Sánchez. Pero entiendo que esa no es sino una esperanza personal, convencido como estoy de que las catástrofes se pueden evitar, aunque sea pactando cosas que no son fácilmente pactables. A menos, claro, que prevalezca el «sostenella y no enmendalla», porque los dioses, cuando quieren perder a los hombres, primero los ciegan.
De lo que sí estoy seguro es de que en esta sesión de investidura, diga lo que diga Rajoy en su discurso de este martes -que seguirá, claro, tendiendo manos, aunque sin ofrecer muchas cosas concretas a cambio-, el presidente en funciones seguirá siendo lo mismo: presidente en funciones. Y también estoy seguro de que Pedro Sánchez no logrará encaramarse al principal sillón de La Moncloa, por muchas ofertas que le haga Iñigo Errejón -Pablo Iglesias sigue como en segunda fila-. Pero ya no estoy tan seguro de que no tengamos que ir a las urnas el 18 de diciembre. Bueno, yo ya anuncio que muy probablemente no iré: no se me ocurre otra forma de protesta ante esta locura en la que nos han metido

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