Fernando Jáuregui – ¡Menos mal! Volvemos al «tumasismo»


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

¡Qué alivio! Llegué a creer por un momento que empezábamos a perder las buenas costumbres, iniciando un camino de acuerdos constructivos de cara a posibles pactos que nos saquen del marasmo. Pero no: volvemos a donde solíamos. Al «y tú mas». ¿Rita Barberá? Juego de niños comparado con lo de Chaves y Griñán; pues anda que tú, que tienes el juicio por el «caso Gürtel este otoño…; Nada que ver con la magnitud del escándalo de los ERE andaluces… En fin, estoy seguro de que todo esto le suena a usted a «deja vu». Más de lo mismo y tiro porque me toca.
Más de una vez he dicho que hay que cerrar las hemerotecas. Que los jueces han de ejercer su trabajo, castigando conductas corruptas y que ni los medios pueden ejercer de otra cosa que de meros -nada menos- descubridores de presuntos escándalos, y no de juzgadores, ni los máximos dirigentes políticos pueden tirarse a la cabeza corruptelas que ya están en los tribunales utilizándolas como pretexto para no pactar un futuro regeneracionista. ¿Cómo vamos a entronizar en La Moncloa a Rajoy, con todo lo que tiene en la mochila? dice Sánchez, y sin duda no le falta razón. Pues ya me dirá usted quiénes son los socialistas para dar lecciones, con lo que tienen en Andalucía, replican en el PP, igualmente no faltos de motivos. Y ahí andamos, en la parálisis.
Lo que ocurre es que todas esas son cosas que responden a un pasado lamentable, no a un presente en la que aquellas formas corruptas ya no tienen una fácil repetición: han mejorado las leyes para luchar contra los corruptos y ha crecido la vigilancia, al tiempo que la exigencia pública de transparencia y honradez se ha vuelto mucho más inquisitorial, puede que en exceso en algunas ocasiones.
Nunca he hecho leña del árbol caído, ni la voy a hacer ahora, máxime cuando mi impresión es que ni Barberá, ni Chaves, ni Griñán, por citar apenas los tres casos más sonados, se han llevado un euro a sus bolsillos particulares. Otra cosa es la sanción política que sus negligencias merezcan. Y lo mismo puedo decir del ex ministro José Manuel Soria y sus «mentirijillas», por citar un ejemplo más.
Para mí, la corrupción más grave, y no estoy pidiendo «mano blanda» contra nadie que haya robado, malversado, mentido, etc., es la que consiste en cachondearse -con perdón de la palabra- del respetable. Cuando tú contratas a alguien para que te saque las castañas del fuego, para que administre tu vida política y económica y sales con la impresión de que te han estafado. Como si llamases a Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio, para que te arreglen las cañerías y te salen con que tienen que irte de elecciones el día de Navidad. Que estos señores a los que votamos y pagamos no hayan llegado aún a un acuerdo para ponerse a gobernar me parece, sí, mucho peor que cualquiera de las andanzas de la ex presidenta valenciana o de los ex presidentes del PSOE, y conste que tampoco pongo la mano en el fuego por nadie en unos casos que en profundidad desconozco.
Creo que la ciudadanía tiene que tomar conciencia de que la auténtica corrupción que está demostrando el sistema es el desprecio al voto que, por dos veces ya, hemos emitido los españoles. Lo demás no lo minimizaré, pero me parece que es bastante secundario. Cosa de jueces, no de tribunas parlamentarias, que deberían albergar mayor amplitud de miras que los mil euros de Rita o los «despistes» -ejem- de Griñán. Confío en que usted me entienda; estoy seguro de que me entiende.

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