Más que palabras – Agitación, arenga y victimismo


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

No por esperado deja de ser sorprendente que, en este país, los nacionalistas catalanes cada vez que se enfrentan a la Justicia porque vulneran la ley conviertan el hecho en un «numerito» de agitación, en una arenga de consumo interno para abundar en un víctimismo que ya no cuela. El portavoz parlamentario de la extinta Convergència, Francesc Homs prestó declaración en el Tribunal Supremo, por su participación, en ese pariré que resultó ser la pseudo consulta soberanista, rodeado de la plana mayor de la antigua CDC y, como era de esperar, sembró dudas sobre la imparcialidad del tribunal llegando a afirmar que la sentencia «condenatoria está cantada». Además, no tuvo reparos en calificar a la Fiscalía como «brazo armado del PP» y tachó el juicio de «proceso político».
El ahora diputado-aforado y sus acompañantes hicieron pleno al descalificar todas las garantías que nos otorga la democracia y el estado de derecho, gracias a la cual cobran religiosamente un sueldazo a fin de mes. Homs no se salió del guión marcado anteriormente por el resto de los investigados -el expresidente catalán Artur Mas, la ex vicepresidenta Joana Ortega y la ex consellera de Educación Irene Rigau-, y afirmó, mintiendo a sabiendas, que se les juzga por «poner las urnas en la calle» lo cual es radicalmente falso de toda falsedad. Se les acusa de desobedecer al Tribunal Constitucional, que instó al Govern a impedir la celebración de la consulta soberanista. De eso se les acusa, ni más ni menos, y ni juicio político, ni persecución partidista, ni gaitas. Aquí no hay más cera que la que arde y la realidad, por mucho que ellos la dibujen a su manera, es que se ha abierto un proceso judicial contra alguien que se ha saltado la legalidad y que da la casualidad, que son políticos, aunque ellos crean que por esa condición están por encima de los ciudadanos normales y corrientes. El nacionalismo catalán, metido en su bucle melancólico, se ha inventado una realidad paralela y aspira a tener como rehenes a los ciudadanos que viven en esa comunidad autónoma, ideológicamente distintos, como si todos obedecieran a un mismo credo unidireccional. Por mucho que se envuelvan en la bandera independentista ellos no son Cataluña, ni pueden hablar en nombre de todos.
Dicen los colegas que cubren información de tribunales que aunque en la sede del Supremo las esteladas brillaron por su ausencia, a Homs no le faltaron los aplausos, de una clac organizada a conveniencia a su entrada en el edificio, pero fue su acompañante, Artur Mas, quien quiso tener su minuto de gloria ante los medios y lo hizo de una forma gloriosa y también tóxica. «Aquí no está en juego sólo la independencia de Cataluña, sino la democracia misma, que recurre a los tribunales en lugar de sentarse a una mesa», reprochó al Gobierno en funciones de Mariano Rajoy. Y llegó a calificar como «juicio político» el procedimiento abierto en el Alto Tribunal. Mientras el ex presidente catalán hablaba en la calle y soltaba su raca-raca -el mismo que ha llevado a su partido político al abismo electoral- un hombre mayor con barretina se «plantó» en la acera de enfrente al Supremo, con una pancarta en la que se leía: «Malos gobiernos dividen los pueblos». No se puede resumir mejor lo que han hecho Mas y los suyos en los últimos tiempos y mientras… sus adversarios de ERC, la CUP y los demás comiéndoles lo poco que les queda de la tostada… ¡Qué despropósito!

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