Francisco Muro de Iscar – El dinero injusto


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

En la calle hay indignación general por el tema de las tarjetas black de Caja Madrid, ahora que acaba de iniciarse el juicio a 65 responsables de haberla utilizado con premeditación y alevosía, sin justificación alguna. La indignación es más que razonable. Personas de izquierdas -muy de izquierdas- y de derechas -muy de derechas-, con sueldos en algunos casos muy elevados, gastaron de forma abusiva y descontrolada un dinero que no se declaraba y que no se controlaba. Los que tenían que fiscalizar estaban descontrolados. Es posible que los encausados salgan libres, sin cargos, si consiguen convencer al juez de que se han vulnerado sus derechos haciendo públicos datos «confidenciales» y se anula la prueba que les acusa. También tratarán de demostrar que esos delitos han prescrito. No se entraría así a juzgar el fondo del asunto. Y si se entra, la mayor parte de ellos aducirá posiblemente que ellos, pobres, creían que era parte de su retribución y que nadie les informó de que esas tarjetas ni se declaraban ni se controlaban. La responsabilidad se la echarán a quien les dio la tarjeta y los que mandaban en Caja Madrid aducirán que ellos no sabían que esa mala práctica era «normal» en la entidad. Una entidad que poco después tuvo que ser rescatada con miles de millones de todos los ciudadanos, que nunca recuperaremos. Una entidad, además, donde los cargos se repartían entre partidos y sindicatos, ya digo, de derechas y de izquierdas, de partidos y sindicatos por cuotas. Una vergüenza impresentable.
En el evangelio del pasado domingo, Jesucristo habla de las riquezas injustas y del dinero injusto. Y hace una recomendación a los que lo ganan de esa manera, difícil de entender para la gente normal: «Ganaos amigos con el dinero injusto para que cuando os falte os reciban en las moradas eternas», algo así como «blanquead el dinero injusto compartiéndolo con los pobres». Los abusadores de las tarjetas black no parece que las hayan utilizado para compartir su fortuna con los más necesitados: los miles de euros en supermercados, regalos, coches o los 16.000 euros en la noche de fin de año de uno de ellos son un insulto al sentido común. Como lo es la de aquellos que, además, pidieron ampliación del límite de gasto en agosto o en diciembre. No les llegaba. Algunos han devuelto el dinero para rebajar su pena, pero eso no les exime del abuso.
En la calle, la gente normal dice que no llega a finales de mes y que no tiene tarjetas ni verdes ni negras y que si a alguien le pillan robando unos euros acaba en la cárcel. Durante muchos años, muchos, demasiados golfos se han aprovechado del dinero injusto y se lo han llevado crudo. Y cada día se incrementen las diferencias entre los que más tienen y los que menos reciben. Hay mucha riqueza injusta y mucho dinero sucio, en nuestra sociedad. Es cierto que nadie se lo lleva a la tumba, pero mientras tanto se aprovechan de él. Una sociedad sana debería enviar el mensaje a los ciudadanos de que eso no se permite y no debería tolerar nunca que los que trafican con él se vayan de rositas.

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